Dos problemas “socialistas” en Sancti Spíritus

Havana
muy nuboso
20.2 ° C
20.3 °
20.2 °
56 %
4.1kmh
75 %
Vie
21 °
Sáb
23 °
Dom
24 °
Lun
24 °
Mar
26 °

El cementerio de la cabecera provincial y el Museo de Arte Colonial en Sancti Spíritus, dos espacios esenciales para la vida cívica y simbólica de la ciudad, comparten una misma lógica de deterioro, retrasos, justificaciones institucionales y traspaso de responsabilidades al ciudadano.

El diario oficialista Escambray dice que la gente no quiere exhumar a sus muertos

No se trata de hechos aislados ni de coyunturas excepcionales, ni de fake news, porque lo dice el oficialista Escambray: En Sancti Spíritus, dos instituciones que deberían representar el cuidado de la memoria —la de los muertos y la de la historia— arrastran hoy crisis casi idénticas: programas que no se cumplen, inversiones que no resuelven, estructuras sin personal suficiente y una cadena de explicaciones oficiales que terminan colocando la carga sobre quienes menos pueden asumirla. El cementerio provincial y el Museo de Arte Colonial son, en ese sentido, dos expresiones distintas de un mismo problema.

Sí, querides, Sancti Spíritus vive hoy una paradoja que se repite en distintos puntos de su geografía simbólica: mientras sus habitantes siguen acudiendo al cementerio para cuidar a los suyos, y mientras otros reclaman que el Museo de Arte Colonial vuelva a abrir sus puertas, ambas instituciones arrastran una crisis que no se explica por un solo motivo, sino por una cadena de omisiones, atrasos y decisiones fallidas que se han ido acumulando con los años. Todas, créanme, consecuencias del «bloqueo» socialista.

En el camposanto de la cabecera provincial, la escena se repite cada mañana, dice un reportaje. Personas que limpian tumbas, riegan plantas y acomodan flores conviven con una realidad menos visible: un programa de exhumaciones que no se cumple y que amenaza con reducir peligrosamente las capacidades de enterramiento. De las cinco exhumaciones diarias que deberían realizarse, apenas se concretan tres o cuatro, y no en todas las jornadas. El resultado es una acumulación de sepulturas que ya sobrepasan los dos y hasta cuatro años sin ser abiertas, muchas de ellas en terrenos estatales.

Según explicó Gelacio Atalí Delgado, jefe del Departamento de Necrología en la provincia, la obligación legal de los familiares es acudir dos años y un día después del sepelio para solicitar la exhumación. Sin embargo, muchos dieron direcciones falsas, no responden llamadas, emigraron o simplemente se niegan a acudir. Para actuar de oficio, la administración necesita autorizaciones legales y debe conservar evidencias junto a los restos, por si surgen reclamaciones posteriores. Mientras tanto, más de 500 sepulturas siguen pendientes en el cementerio de la cabecera, en un contexto donde solo el 50 por ciento de los espacios es estatal, justamente a donde va la mayoría de los fallecidos.

El problema se agrava por los altos costos de los osarios en el mercado informal, que pueden alcanzar los 10 000 pesos, y por la escasez de materiales para fabricarlos. Aunque el cementerio no cobra por la exhumación, la carga económica recae sobre familias que muchas veces solo dependen de una jubilación. A eso se suma la precariedad laboral dentro de la institución: con salarios que rondan los 3 000 pesos, apenas tres o cuatro obreros asumen tareas que antes correspondían a más de 30 trabajadores, desde sepultar hasta construir bóvedas, chapear, barrer y descargar materiales.

Un panorama distinto, pero atravesado por el mismo desgaste, se vive a pocos metros del río Yayabo, donde el Museo de Arte Colonial permanece cerrado desde 2019, señala el otro texto del diario Escambray. La casona del siglo XVIII, símbolo patrimonial de la ciudad, acumula seis años de intervenciones inconclusas, chapucerías, demoras y decisiones erráticas. Lo que comenzó con una gotera terminó en vigas apuntaladas, carpintería colapsada, plantas invasoras y piezas hacinadas en almacenes.

Martha Cuéllar, quien dirigió la institución durante más de dos décadas, resume el sentimiento colectivo: un museo cerrado es cualquier cosa menos un museo. La desacertada gestión constructiva, marcada por la falta de control y por inversiones mal dirigidas, ha agravado el deterioro. Según las autoridades municipales de Cultura, solo la carpintería demanda unos 20 millones de pesos, casi todo el presupuesto disponible para 2026, que además debe cubrir otras obras y la programación cultural.

Hoy, puertas pintadas que no se abren, rodapiés desprendidos, techos falsos caídos y galerías rehechas varias veces evidencian una lógica donde se gasta sin resolver. Aun así, el colectivo del museo mantiene acciones comunitarias, talleres, visitas a escuelas y actividades en patios, intentando que el patrimonio no se pierda del todo detrás de los cerrojos.

Cementerio y museo parecen lejanos entre sí, pero comparten la misma raíz: la falta de recursos, de planificación sostenida y de voluntad para priorizar lo esencial. Uno guarda a los muertos, el otro resguarda la memoria viva. Ambos hoy sobreviven gracias al esfuerzo de trabajadores y ciudadanos que, pese a todo, se niegan a dejarlos caer. En esa resistencia silenciosa se juega también una parte del futuro espiritual de Sancti Spíritus.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

¿Quieres reportar algo?

Envía tu información a: [email protected]

Lo más leído

Quizás te interese

¡RECARGA X 6 + Internet Nocturno!RECARGAR
+