La misma jornada en que se conoció la fuga de dos migrantes cubanos de un centro de detención en Islas Caimán, trascendió también la condena a prisión de un joven cubano en Rusia por delitos relacionados con narcotráfico. Ambos hechos, ocurridos en contextos distintos y a miles de kilómetros de distancia, vuelven a colocar a ciudadanos cubanos en el centro de incidentes judiciales fuera de la isla, en medio de un flujo migratorio que sigue empujando a muchos a asumir riesgos legales y personales.
La Policía Real de Islas Caimán (RCIPS) confirmó que dos migrantes cubanos escaparon el pasado viernes de un centro de detención ubicado en Fairbanks Road, en George Town. Según un portavoz de la unidad de prensa policial, las autoridades activaron de inmediato operativos de búsqueda para localizarlos. La policía indicó que, por el momento, no considera a los fugados como personas peligrosas, aunque advirtió a la población que brindar refugio o asistencia a inmigrantes en situación irregular constituye un delito.
El incidente fue reportado inicialmente por el medio local Cayman Compass, que señaló que los migrantes que llegan a las islas suelen hacerlo con recursos limitados, aunque no se descarta que los cubanos pudieran contar con contactos en el territorio. El medio solicitó a la policía la divulgación de imágenes de identificación y detalles sobre posibles refuerzos de seguridad en el centro de detención, pero hasta ahora no se ha informado si esas peticiones serán atendidas.
La fuga ocurre en un momento de creciente preocupación de las autoridades caymanenses por un posible aumento de la migración irregular desde Cuba. En enero de 2026, la gobernadora del territorio británico de ultramar, Jane Owen, y otros funcionarios confirmaron la elaboración de planes de contingencia ante una eventual oleada migratoria, vinculada a tensiones regionales y al deterioro de la situación económica cubana.
No es la primera vez que se registra un escape desde el centro de Fairbanks. En 2025, una residente de Bodden Town fue acusada de ayudar a al menos siete migrantes cubanos a huir del mismo recinto, proporcionándoles transporte y alojamiento temporal para evadir a las autoridades. En paralelo, el gobierno de Islas Caimán ha endurecido sus regulaciones migratorias. Desde 2024 exige visado de tránsito a ciudadanos cubanos y en los últimos meses ha ejecutado deportaciones hacia La Habana. En marzo de 2025, un vuelo trasladó a 11 cubanos deportados, según informó el Ministerio del Interior de Cuba.
Mientras en el Caribe las autoridades buscan a los dos fugados, en Rusia un joven cubano enfrenta una larga condena. Hugo Alberto Formes Romero, de 20 años, fue sentenciado a ocho años y medio de prisión por un tribunal del distrito Traktorozavodsky, en la región de Volgogrado, tras ser hallado culpable de intento de distribución ilegal de drogas dentro de una red organizada.
Según la Fiscalía regional, Formes llegó a Rusia con visa de turista y fue detenido el 23 de septiembre de 2025, apenas cuatro días después de su arribo. Durante el juicio, el tribunal concluyó que el joven formaba parte de un grupo dedicado al tráfico de estupefacientes y que intentó vender 0.946 gramos de mefedrona mediante la colocación de un escondite en una calle de Volgogrado. La operación fue frustrada por la policía.
El condenado deberá cumplir su pena en una colonia penal de máxima seguridad. El tribunal ordenó además la confiscación de su teléfono móvil, utilizado en la comisión del delito. La sentencia todavía puede ser apelada. Un representante de la Fiscalía declaró al portal V1.RU que personas extranjeras viajan intencionalmente a Volgogrado para integrarse en redes de narcotráfico tras contactar con ofertas a través de aplicaciones de mensajería.
Las autoridades rusas han señalado casos similares. También en septiembre de 2025, otro ciudadano cubano de 41 años fue arrestado en la misma región por presunto tráfico de drogas a gran escala, tras incautársele envoltorios de sustancias sintéticas y descubrirse escondites preparados para su distribución.
Ambos episodios reflejan escenarios distintos de una misma realidad: la presencia de cubanos en procesos migratorios complejos que a menudo los colocan en sistemas legales extranjeros estrictos. Mientras en Islas Caimán la prioridad policial es recapturar a los fugitivos, en Rusia el caso de Formes Romero ilustra las severas consecuencias penales asociadas a delitos de narcotráfico. En los dos extremos, se trata de historias marcadas por desplazamientos, controles fronterizos y la dureza de legislaciones que operan sin margen para errores.

















