Despiden a empleada de joyería en Tampa tras divulgarse que es hija de presuntos represores en Cuba

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Una empleada de Marcelo’s Joyería, en Tampa, fue despedida esta semana tras una intensa campaña en redes sociales que la señalaba como hija de Niurka Valdés, identificada en publicaciones como jefa de instrucción penal en Ciego de Ávila, y de Gilber González, vinculado al aparato de seguridad del Estado cubano. La empresa confirmó la decisión en un comunicado donde indicó que “hemos decidido dejar ir a una empleada debido a preocupaciones públicas recientes que han impactado a nuestra comunidad”.

El texto, difundido en la cuenta oficial del negocio, señala que “hemos decidido dejar ir a una empleada debido a preocupaciones públicas recientes que han impactado a nuestra comunidad”. La redacción evita mencionar nombres o detalles del caso, pero confirma que la decisión fue tomada por la empresa tras la presión generada en redes.

El caso comenzó con una publicación en Facebook del usuario Henry Ponce Sánchez, quien identificó a la empleada como hija de la funcionaria cubana y lanzó una advertencia directa: dio un plazo de 5 días para que se modificaran medidas contra jóvenes detenidos en Cuba, bajo amenaza de divulgar información personal adicional, incluyendo su lugar de trabajo en Estados Unidos.

A partir de ese momento, la situación escaló. El propio Henry compartió su post en decenas de grupos, como por ejemplo Gente de Bauta, donde decenas de usuarios comenzaron a compartir la información, a etiquetar a la empresa y a exigir explicaciones. Otros fueron más allá: propusieron presentarse en el local, reportar a la trabajadora ante autoridades migratorias o divulgar más datos personales. La presión se concentró tanto en la empleada como en el negocio.

Luego, en una publicación posterior, Henry hizo realidad su promesa. Divulgó datos personales de la joven; entre ellos, el lugar dónde trabajaba.

Horas después, la joyería publicó su comunicado. Aunque no menciona los nombres ni entra en detalles sobre las acusaciones, sí reconoce que la decisión responde al impacto público del caso. La salida de la trabajadora se produjo tras esa reacción en cadena.

El caso fue celebrado en redes por usuarios que lo interpretan como una forma de presión efectiva. En una de las publicaciones más compartidas, se afirma que “las denuncias sí funcionan” y se presenta el resultado como una consecuencia directa del rechazo generado.

Otros, por el contrario, criticaron lo hecho, afirmando que los hijos no cargan con la culpa de sus padres y que si se lucha con razón, «a quienes habría que exigirle cuentas es a Niurka y a Gilber». En respuesta, no pocos dijeron que «Niurka y Gilber reciben remesas que les envía Melissa desde los EE.UU.» Y aunque no mostraron evidencias de esto último, muchos lo asumieron como cierto, pues resulta evidente para ellos que, dado el deterioro de la situación económica que hay en la isla, parece imposible que personas que tienen familiares directos viviendo en el extranjero no reciban ningún tipo de ayuda por parte de estos; ya sea en combos de comida o en remesas directamente.

La empleada ya no trabaja en la joyería después de que su nombre y sus vínculos familiares en Cuba se hicieran públicos en redes y la presión se trasladara directamente hacia el negocio.

Sin embargo, en los comentarios, ese resultado no se ve como un despido «normal», sino como la aplicación de una idea que se repite en el discurso de cierta parte de la diáspora que es este: si dentro de Cuba no hay consecuencias, hay que moverlas fuera y hacerlas recaer en familiares.

Incluso, apareció una referencia concreta que varios usuarios mencionaron sin rodeos: el caso del general iraní Qasem Soleimani, cuyos familiares en Estados Unidos fueron detenidos tras su muerte y hasta perdieron hace apenas unas horas su estatus legal en ese país. Esa comparación no se introduce como contexto, sino como ejemplo de lo que, según esos comentarios, debe hacerse también en situaciones como esta. Una comparación que a muchos, resulta desmedida.

Bajo esa lógica, lo ocurrido en Tampa sigue esa misma línea: al no poderse ejercer una presión directa contra la institución en Cuba ni contra la funcionaria que la dirige, hacerla contra su hija residente en territorio estadounidense y contra el lugar donde trabaja, provocando así al menos que esta decida poner fin al vínculo laboral; una idea de «vendetta» que muchos no sustentan.

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