Tapachula, en el estado mexicano de Chiapas, se ha convertido en los últimos años en uno de los principales puntos de espera para miles de migrantes que buscan continuar su ruta hacia el norte. Entre ellos hay numerosos cubanos que, mientras intentan resolver su situación migratoria, tratan también de encontrar empleo para sobrevivir. El problema es que, según cuentan varios de ellos, ese trabajo simplemente no aparece.
En una reciente feria de empleo organizada en la ciudad, varios migrantes cubanos acudieron con la esperanza de encontrar una oportunidad laboral formal. Sin embargo, muchos salieron con la sensación de que las ofertas estaban diseñadas para personas con residencia permanente o documentación que la mayoría aún no posee.
“Muy buena la feria, pero para nosotros no sirve de nada”, comentó uno de los migrantes entrevistados por medios locales. Según explicó, muchas de las vacantes exigen documentos como número de seguridad social, CURP o permisos laborales que los solicitantes en proceso migratorio todavía no tienen.
Esa situación deja a muchos en un limbo. Los migrantes quieren trabajar dentro de la legalidad, pero los requisitos administrativos terminan cerrándoles las puertas.
“Nosotros queremos empleo y queremos estar dentro de la ley. No somos delincuentes ni gente mala”, dijo otro cubano durante las entrevistas.
La paradoja es evidente: el mercado laboral exige documentos que solo se obtienen con procesos migratorios que pueden tardar meses o incluso años en resolverse.
Mientras tanto, la vida diaria en Tapachula se vuelve cada vez más difícil. Sin ingresos estables, muchos migrantes dependen de trabajos informales o de pagos muy bajos por tareas ocasionales. Algunos afirman recibir apenas unos 200 pesos mexicanos por jornadas de trabajo, una cantidad que apenas alcanza para cubrir necesidades básicas.
“Es bastante difícil sobrevivir así”, explicó otro migrante. “Tenemos que aceptar trabajos donde nos pagan muy poco por lo que hagamos”.
La situación es especialmente compleja para las mujeres migrantes. Una cubana entrevistada relató que la falta de oportunidades laborales puede empujar a muchas a ambientes de explotación o trabajos precarios donde se violan derechos básicos.
“Es muy complicado. A veces te ofrecen trabajo en cocinas donde te maltratan o te explotan”, explicó. También denunció jornadas excesivas, salarios bajos y ausencia de descansos o prestaciones laborales.
Según su testimonio, la precariedad puede abrir la puerta a presiones y abusos.
“Hay personas que dicen: si no estás conmigo, te hago perder el trabajo”, afirmó al describir situaciones de acoso que algunas migrantes enfrentan.
A pesar de todo, muchos cubanos aseguran que su intención no es permanecer indefinidamente en la informalidad ni vivir de ayudas. Lo que buscan es una oportunidad de empleo que les permita sostenerse mientras avanzan en sus procesos migratorios.
“Todo el mundo quiere trabajar y estar dentro de la ley de este país”, insistió uno de los entrevistados.
Pero incluso cuando recorren zonas industriales o fábricas de la ciudad, la respuesta suele ser la misma: no hay vacantes para extranjeros o los empleadores prometen llamar más adelante sin que esa llamada llegue nunca.
“He dejado solicitudes en muchos lugares”, explicó otra migrante. “Te dicen que no hay vacantes o que regreses después, pero al final no pasa nada”.
Para muchos, el problema termina siendo una cadena difícil de romper. Sin trabajo no hay ingresos para pagar renta, y sin ingresos el riesgo de quedarse en la calle aumenta.
“Si no tienes empleo, no tienes dónde vivir”, resumió una migrante. “Lo primero que necesitamos es trabajo para poder tener aunque sea un techo”.
En medio de ese escenario, los migrantes cubanos piden a las autoridades mexicanas revisar los requisitos burocráticos y facilitar mecanismos que les permitan trabajar legalmente mientras resuelven su situación migratoria.
Su mensaje es simple: no buscan privilegios, solo una oportunidad para ganarse la vida.


















