El Gobierno cubano volvió a sacar a la calle su músculo militar este sábado durante el Día Territorial de la Defensa, una jornada marcada por simulacros armados, prácticas de tiro, sobrevuelos de aviones de combate de origen soviético y la participación masiva de milicianos y civiles en casi todas las provincias del país. El despliegue, concebido oficialmente para “elevar la capacidad de respuesta ante una agresión”, terminó provocando una reacción muy distinta a la buscada: burla, incredulidad y comentarios irónicos entre buena parte de la población.
En lugares como Sancti Spíritus, los ejercicios generaron temor en las primeras horas del día. Residentes hablaron de detonaciones, tiros y explosiones que despertaron a la ciudad sin previo aviso. A eso se sumó el sobrevuelo de viejos aviones MiG, modelos de la Guerra Fría que aún integran el inventario de la aviación cubana. La falta de información oficial inmediata llevó a muchos ciudadanos a buscar explicaciones en redes sociales, donde el tono pasó rápidamente del susto inicial al sarcasmo.
Las maniobras se extendieron por Matanzas, Villa Clara, Cienfuegos, Holguín, Santiago de Cuba, La Habana y el municipio especial de Isla de la Juventud. Hubo ejercicios de artillería, prácticas de tiro con fusiles, simulacros de defensa antiaérea y entrenamientos logísticos. En la capital, mujeres vestidas de civil y hasta niños participaron en acciones de “aseguramiento”, reforzando una imagen que para muchos resultó más simbólica que efectiva.
Mientras la prensa oficial hablaba de “pueblo entrenado” y “convicción irrevocable en la victoria”, en la calle y en internet el mensaje era otro.
“Par de drones y ahí no queda ni el gato”, comentaron en redes varios cubanos aludiendo al contraste entre los métodos de guerra contemporáneos y un aparato militar basado en tecnología obsoleta, mantenimiento precario y recursos limitados. La comparación con conflictos actuales, dominados por drones, sistemas de precisión y guerra electrónica, fue recurrente.
La Tijera recogió en varias publicaciones parte de la «letalidad» del armamento cubano.
El despliegue ocurrió además en un contexto de tensión política y económica, con nuevas advertencias desde Estados Unidos y un país sumido en una crisis profunda.
Para muchos cubanos, la exhibición de poderío no fue una señal de fortaleza, sino una postal anacrónica. Más que intimidación, lo que dejó fue una sensación de irrealidad y una risa amarga: la de quien ve cómo se ensaya una guerra que sabe que no podría librarse.
Pero… ¿puede el ejército cubano derrotar al de Estados Unidos? Durante años La Habana ha situado su poderío militar no tanto en los armamentos que posee, sino en la capacidad movilizativa de su ejército. En poder contar, imaginariamente, con millones de cubanos para defender su territorio. Según contaba Fidel, a los norteamericanos se les haría imposible gobernar Cuba porque sería desgastante, según él, porque tendrían una cantidad de bajas que no estaban dispuestos a asumir pues no están entrenados para vencer en una guerra regular.
Esa teoría, pausible si se quiere en los años 60´ y 70´ se desmorona ahora con una realidad: al pueblo cubano no le interesa combatir con nadie. De hecho, no tiene condiciones para hacerlo. Sin una alimentación adecuada, ningún soldado resistiría un combate prolongado.
Es así que, entonces, deberán confiar en su armamento; armamento que pudiera ser destruido desde el cielo sin que siquiera ellos se enteren. Esa es la realidad. También podrían confiar en un golpe de suerte, de disparar misiles de largo alcance, que muy probablemente poseen a escondidas, lograr vulnerar el escudo de defensa de los Estados Unidos e impactar en la Florida, causando una muerte masiva que obligue a las fuerzas norteamericanas a capitular por una presión interna.
Otra «fortuna» que tendrían es que Rusia sacara la cara por ellos, pero habría que ver si Rusia está interesada en abrir otron frente.
Tendrán que confiar, entonces en el armamento que poseen, y hablar del armamento cubano es hablar, sobre todo, de un inventario grande en volumen pero envejecido, sostenido por mantenimiento, canibalización de piezas y modernizaciones puntuales.
Cuba heredó la mayor parte de su parque militar de la URSS y del bloque socialista, y desde los 90´ vive con una realidad: tiene equipo, pero le cuesta muchísimo reemplazarlo por material nuevo. Lo que se ve en ejercicios como el Día Territorial de la Defensa suele ser una mezcla de “lo que aún vuela”, “lo que aún dispara” y “lo que se puede mostrar”.
Lo más moderno que hoy puede señalarse con cierta base no es un caza nuevo ni un tanque de última generación, sino dos líneas: defensa antiaérea modernizada y adopción de drones. En 2025 se reportó que Cuba probó/modernizó el sistema S-125 (familia Pechora) con asistencia bielorrusa, presentado como una actualización tecnológica del complejo antiaéreo, algo coherente con la apuesta defensiva del país (negar el espacio aéreo más que proyectar poder lejos). En paralelo, también en 2025 se publicó que las FAR estaban incorporando el empleo de vehículos aéreos no tripulados (drones) en programas de estudio y entrenamiento, lo cual sugiere una adaptación doctrinal a la guerra contemporánea, aunque eso no implica que Cuba disponga de grandes flotas de drones armados comparables a las de potencias militares.
En “lo más moderno” también entra —aunque es más vigilancia que armamento— la infraestructura de radar/inteligencia que ha sido noticia en los últimos años. Reuters informó sobre la construcción de un nuevo sitio de radar cerca de Santiago de Cuba, próximo a la base naval estadounidense en Guantánamo, a partir de análisis de imágenes satelitales citados por un think tank (CSIS). Eso apunta a mejoras en capacidades de detección/escucha, que en un conflicto moderno son tan decisivas como el arma que dispara.
En cuanto a aviación de combate, lo “más moderno” dentro de lo que históricamente ha operado Cuba suele asociarse a sus MiG-29 (si están disponibles y operativos), pero la realidad práctica es que la flota visible y mencionada con más frecuencia incluye aparatos mucho más antiguos. La propia descripción general de la DAAFAR y los inventarios abiertos la ubican como una fuerza marcada por legado soviético y limitaciones de renovación.
Lo más obsoleto que Cuba sigue utilizando —o al menos mantiene en inventario, a menudo con operatividad incierta— está claramente en los sistemas y plataformas de los años 50, 60 y 70 que todavía aparecen en listados públicos: cazas MiG de generaciones viejas; artillería antiaérea remolcada como el 61-K de 37 mm (diseño de la Segunda Guerra Mundial); misiles antiaéreos de generaciones muy antiguas como el S-75 (SA-2) y el S-125 en versiones previas a modernización; blindados y transportes como el BTR-60, y un parque de tanques T-55/T-62 que, aunque numerosos en papeles, pertenecen a otra época tecnológica. Un rasgo particular del caso cubano es el reciclaje creativo: hay evidencia y documentación de vehículos fuertemente modificados, con torretas y cañones reubicados sobre chasis viejos, una forma de “alargar” la vida útil cuando no hay reposición industrial sostenida.
Con todo, conviene una cautela: Cuba no publica inventarios operativos detallados y muchos listados abiertos mezclan “en servicio”, “almacenado” y “existente pero no necesariamente listo”. Aun así, el cuadro general es bastante consistente: lo más moderno está en modernizaciones selectivas (especialmente defensa aérea) y en la incorporación de drones y sensores; lo más obsoleto, en buena parte de la aviación, artillería y blindados heredados del siglo pasado que todavía se ven en ejercicios y forman parte de la estructura territorial de defensa.


















