Sandro Castro «se disfraza de Robin Hood» y reparte comida entre personas vulnerables en La Habana

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Sandro Castro reparte comida en La Habana y desata polémica: ¿altruismo o propaganda? Desde las redes le gritan: «Cuba no necesita limosna, necesita libertad.»

El nieto predilecto del difunto Fidel Castro — y el más «oveja negra» también— Sandro Castro, salió a las calles de La Habana a repartir comida en medio de la crisis que atraviesa Cuba.

El nieto «influencer» del dictador fallecido en el 2018, quien cuenta con más de 159,000 seguidores en Instagram, apareció esta semana en un video repartiendo comida entre personas vulnerables en las calles de La Habana. Lo que se suponía fuese un gesto aplaudido ha comenzado a generar debate, con miles de internautas pidiéndole que le diga a su familia «que se vaya del poder».

El gesto, que él mismo describió como el primero de muchos, no generó el aplauso que quizás esperaba. En cambio, desató una avalancha de críticas de cubanos dentro y fuera de la isla que lo acusan de intentar lavar con un plato de comida décadas de represión, escasez y miseria heredadas del régimen que su familia construyó y sostiene.

Sandro Castro publicó las imágenes con una leyenda que no dejaba espacio para la modestia: «Con gran amor, bondad y solidaridad les digo: el primer video de muchos más que entre todos lo haremos posible.» El clip lo muestra entregando comida a personas en situación vulnerable en calles de La Habana, una ciudad donde los apagones, la escasez de alimentos y el colapso de los servicios básicos son la norma desde hace años.

La reacción fue inmediata y mayoritariamente crítica. «Arreglando lo que el grandfather destruyó», escribió un usuario. «Asere, si de verdad quieres ayudar a esa gente, dile a tu tío y a tu familia que se vayan de Cuba y nos dejen tranquilos. Cuba no necesita limosna, necesita libertad», respondió otro. Un tercero fue más directo sobre las motivaciones del gesto: «No lo haces de corazón, solo compras simpatía. Cuando en verdad quieras ayudar a alguien, resérvalo y hazlo en privado, no para que te lo aplaudan.»

Varios comentarios apuntaron al núcleo del argumento que más circuló en redes: «Toda esa gente está en la calle por culpa de la dictadura de tu abuelo y toda tu familia. Dejen el poder, es lo que tienen que hacer.»

La página de La Tijera compartió fotos de su «performance».

El Robin Hood más improbable de La Habana

La comparación con Robin Hood tiene una trampa obvia que los cubanos no tardaron en señalar. Robin Hood robaba a los ricos para darle a los pobres. Sandro Castro pertenece a la familia que, según sus críticos, lleva 67 años haciendo exactamente lo contrario.

El propio Sandro ha sido protagonista de una serie de contrastes llamativos en los últimos meses. En marzo concedió una entrevista a CNN desde su apartamento en el barrio habanero de Kohly, una zona de residencias militares y de inteligencia, donde mostró electrodomésticos de marcas extranjeras, electricidad sin interrupciones y una nevera abastecida. En esa misma entrevista criticó a Díaz-Canel, defendió el capitalismo y se preguntó en voz alta cómo conseguir una visa para visitar Miami, mientras llevaba puestas encima unas gafas Chanel de más de 300 euros.

En la entrevista, se reconoció como dueño del bar EFE, un club nocturno en la avenida 23 del Vedado que le costó, según él mismo dijo, 50,000 dólares, una cifra que la mayoría de los cubanos no puede imaginar ni en sueños.

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Todo eso forma el contexto en el que ahora aparece repartiendo comida con cámara en mano.

Sandro Castro no es funcionario del régimen ni ha ocupado ningún cargo político. Pero su apellido lo convierte automáticamente en símbolo de todo lo que el pueblo cubano asocia con la causa de su sufrimiento. Eso lo sabe él y lo saben quienes lo critican.

En los últimos meses se ha convertido en una figura mediática incómoda para el gobierno, precisamente porque sus videos satíricos sobre los apagones, la escasez y la burocracia exponen las contradicciones del sistema desde adentro y con impunidad. Blogueros oficialistas han pedido su arresto. La Seguridad del Estado lo ha citado. Nada ha frenado su presencia en redes.

Pero una cosa es burlarse del régimen desde la comodidad de un apartamento con generador eléctrico, y otra muy distinta es salir a la calle a repartir comida con cámara y pretender que eso cierra alguna cuenta pendiente con la historia. Para la mayoría de los cubanos que reaccionaron al video, la respuesta es clara: no la cierra. «Cuba no necesita gestos mediáticos. Cuba necesita cambios reales», resumió un comentario que concentró miles de reacciones.

Lo más tragicómico de todo esto es que, mientras el video y las fotos se esparcían como pólvora en las redes, Yamilka Laffita Cancio, la activista cubana conocida como Lara Crofs en las redes, fue secuestrada por la fuerza en el reparto Bahía de la Habana del Este, cuando salía de su casa a comprar viandas a un agro cercano para cocinarlas e incluirlas en el menú de las comidas que todas las semanas, desde hace ya muchísimo tiempo, reparte ella entre las personas vulnerables de la capital.

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