Brayan “El Joker”, ganador del reality El Rancho de Destino, volvió a poner sobre la mesa una promesa que hizo durante el programa: usar parte del premio económico para financiar pozos de agua en comunidades de África. El anuncio, reforzado luego en redes sociales con un mensaje de “lo prometimos y lo vamos a cumplir”, reactivó una pregunta concreta que va más allá del gesto simbólico: con 50.000 dólares, ¿cuánto puede materializarse realmente en infraestructura de agua potable?
La respuesta no es una cifra única porque “un pozo” puede significar cosas distintas según el país, el terreno, la profundidad del acuífero y el tipo de tecnología instalada.
Aun así, hay un rango bastante repetido en proyectos humanitarios: un pozo perforado en zona rural con bomba manual, incluyendo perforación, encamisado, bomba, pruebas básicas y organización comunitaria, suele moverse entre 5.000 y 12.000 dólares por unidad en operaciones estándar. Ese número sube cuando el terreno es rocoso, hay que perforar más profundo o se requieren traslados largos de maquinaria, y baja cuando la logística es simple y la comunidad ya tiene estructuras locales listas para operar el punto de agua.

Con ese marco, 50.000 dólares podrían traducirse, en el mejor escenario, en alrededor de 10 pozos de bajo costo si se logra un promedio cercano a 5.000 dólares por obra y la ejecución es eficiente. En un escenario medio, más realista para zonas con variaciones, el cálculo cae hacia 6 pozos si el costo ronda 8.000 dólares por unidad. Y en un escenario caro, donde cada perforación se acerque a 12.000 dólares por dificultades técnicas o exigencias de seguridad y transporte, el número se acerca a 4 pozos funcionales.
El matiz importante es que el pozo no termina cuando “sale agua”. En proyectos serios, parte del presupuesto se va en la fase menos visible: permisos, pruebas, mantenimiento inicial, capacitación para que la comunidad cuide la bomba y un mínimo de seguimiento para evitar que el punto quede abandonado por una pieza rota o por falta de organización local. Sin esos componentes, lo que se inaugura puede durar poco, y ahí es donde los números se vuelven más estrictos aunque el titular suene menos espectacular.
Por ahora, Brayan no ha anunciado con qué organización ejecutaría el proyecto, en qué país trabajaría ni qué calendario seguiría, y esos datos son los que finalmente determinan si la promesa se mide en 4, 6 o 10 pozos reales. Con 50.000 dólares, la diferencia entre “intención” y “impacto” suele estar en la estructura que garantice la obra, el mantenimiento y la supervisión en terreno.
También, por lo pronto, deberá lidiar con aquellos que, en redes, le han dicho que mejor que ir a hacer eso a África, pues mejor lo hace en Cuba.

















