Estudio revela que Miami tiene más millonarios que ninguna otra ciudad de los Estados Unidos

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Miami tiene la mayor concentración de millonarios entre las ciudades de EE. UU., según estudio de la firma consultora global Henley & Partners.

Un nuevo informe sobre la distribución de la riqueza global coloca a Miami a la cabeza de las ciudades de Estados Unidos en cuanto a proporción de residentes millonarios, consolidando la reputación de la ciudad como un imán para gente de alta renta y capital líquido, según un estudio reciente de la firma consultora global Henley & Partners.

El análisis, que forma parte de un reporte anual sobre las ciudades más ricas del mundo en términos de patrimonio líquido (excluyendo bienes inmobiliarios), ubica al área metropolitana que incluye Miami, Miami Beach y Coral Gables como la número uno dentro de Estados Unidos por la mayor proporción de millonarios en relación con la población total.

De acuerdo con los datos, aproximadamente 6,7 % de los habitantes del área metropolitana del 305 tienen más de un millón de dólares en patrimonio líquido, una mezcla de activos como acciones, dinero en efectivo, bonos y criptomonedas. Según el estudio, de los cerca de 575 000 residentes contabilizados en la región, alrededor de 38 800 son millonarios, mientras que 180 tienen un patrimonio superior a 100 millones de dólares (los denominados centi-millionaires). Además, Miami acoge a 17 multimillonarios entre sus vecinos más acomodados.

El crecimiento de la riqueza en Miami también fue destacado en el informe: entre 2014 y 2024, la población de millonarios aumentó casi un 94 %, una de las tasas más altas del país en ese periodo. Henley & Partners atribuyó esta expansión en parte a factores como la baja carga fiscal estatal en Florida y la fuerte atracción de capital internacional y corporativo hacia el sur de Florida.

A nivel global, si bien Miami no encabeza la lista de ciudades con más millonarios en cifras absolutas —posiciones dominadas por gigantes financieros como Nueva York o la Bahía de San Francisco— sí destaca por su alta densidad de riqueza comparada con el tamaño de su población, un indicador que subraya su papel como centro de riqueza emergente.

El estudio de Henley & Partners ha puesto de manifiesto, además, que Estados Unidos sigue siendo uno de los países con mayor concentración de personas de alto patrimonio neto en el mundo.

Miami por delante de todas

Miami encabeza el ranking nacional por concentración: 6,7% de millonarios sobre la población considerada en el área que el reporte agrupa con Miami Beach y Coral Gables. Detrás aparecen, en el mismo listado comparativo, Boston con 6,6%, Seattle con 6,5%, Los Ángeles con 5,8%, Dallas con 5,5%, y luego ya en el siguiente escalón New York City y Chicago con 4,5%, el Área de la Bahía con 4,4%, Washington D.C. con 4,1%, Houston con 3,5% y Austin con 3,2%.

La foto que deja el estudio de Henley & Partners es menos “cuántos ricos hay” y más “cuánta riqueza cabe por habitante”, y ahí Miami aparece por delante del resto de las grandes ciudades de Estados Unidos. El informe trabaja con “riqueza líquida invertible” —acciones cotizadas, efectivo, bonos y cripto, entre otros activos— y deja fuera el valor de la vivienda y otros inmuebles, un detalle clave porque obliga a mirar la ciudad no como un gran mercado inmobiliario, sino como un imán de capital disponible.

Pero… ¿por qué? Es fácil explicarlo, pues ese “entorno” tiene nombre propio: Florida no cobra impuesto estatal sobre la renta, un argumento que se repite cada vez que se explica por qué ejecutivos, fundadores, traders y patrimonios familiares miran al sur como alternativa a estados con carga fiscal más alta. El resultado local es que la ciudad se vuelve una vitrina de consumo de lujo, sí, pero también un mercado donde la competencia por espacio —vivienda, oficinas, servicios— la gana quien puede pagar sin pestañear. Y claro, dentro de la Florida está Miami como espejo.

La presión más visible cae sobre la vivienda. En reportes recientes se describe cómo el aterrizaje de capital y nuevos residentes con ingresos altos elevó precios y dejó a muchos locales fuera del juego de comprar, incluso cuando el mercado se enfría por tramos. Realtor.com, por ejemplo, situaba el precio típico de la vivienda en torno a 510.000 dólares a abril de 2025 y hablaba de un salto aproximado de 30% en seis años, en un contexto en el que trabajadores de ingresos medios y bajos quedan “cerrados” del acceso a la propiedad. En paralelo, medios públicos locales han subrayado la gravedad de la falta de asequibilidad para compradores y el aumento fuerte de precios desde la etapa post-pandemia. En la práctica, esa tensión termina empujando a la ciudad a dos movimientos simultáneos: más desarrollos (a menudo verticales) y más conflictos vecinales y políticos por el tipo de crecimiento, como ilustra el pulso urbano alrededor de Wynwood y su expansión.

Luego está el efecto “segunda capa”: cuando sube el costo de vivir, sube el costo de operar. Restaurantes, bares, gimnasios, salones, servicios domésticos y buena parte del comercio que sostiene la vida cotidiana compiten por personal en una ciudad donde la renta y el transporte pesan cada vez más. A eso se suma la presión sobre infraestructura y servicios municipales en barrios con población flotante y turismo constante, y la demanda por seguridad, mantenimiento y “calidad de ciudad” que suele acompañar a residentes de alto patrimonio. No es casual que, mientras el debate público habla de lujo, también crezca el foco en vivienda asequible y proyectos específicos orientados a sostener población vulnerable, como iniciativas de vivienda para mayores en el condado.

En impuestos, el cuadro es más contradictorio de lo que parece desde fuera. Florida seduce por la ausencia de impuesto estatal sobre la renta, pero la vida local se financia con otras palancas: impuestos a la propiedad, tasas y una economía muy dependiente de consumo, turismo y construcción. Cuando se dispara el valor de las propiedades, los municipios pueden ver crecer su base imponible, pero eso no garantiza alivio para quien alquila ni para quien hereda subidas de tasación; y, al mismo tiempo, obliga a gestionar el coste social del desplazamiento, la congestión y la brecha entre salarios locales y precios “globalizados”.

Así, el dato de “mayor concentración de millonarios” funciona como titular, pero su traducción real es más terrenal: una Miami cada vez más atractiva para el capital líquido y más difícil de sostener para quien vive de nómina, propina o pequeño negocio. Y esa tensión, más que el yate o el reloj, es lo que está reordenando la economía cotidiana del 305.

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