Han pasado tres años desde que Zajaris Fernández y Aldo “Al2” El Aldeano confirmaron el final de su relación, pero lo que parecía un capítulo cerrado de sus vidas personales vuelve a colocarse en el centro de la conversación digital cubana. Esta semana, ambos protagonizaron un nuevo y preocupante cruce de acusaciones públicas que expone lo que habría sido una dinámica marcada por violencia física y emocional, así como amenazas graves.
Todo comenzó cuando Zajaris compartió un audio donde, presuntamente, se escucha al rapero profiriendo insultos hacia ella. Aunque la actriz no acompañó la publicación con un largo texto explicativo, el material fue suficiente para reavivar una historia que, desde su ruptura, nunca ha dejado de generar ruido en redes.
La respuesta de Al2 no tardó. El fundador de Los Aldeanos publicó en sus historias de Instagram una imagen que rápidamente se volvió viral: una fotografía en la que se le ve el pecho con aparentes quemaduras. Junto a la imagen, lanzó un mensaje que subió varios grados la tensión y transformó la polémica en algo mucho más serio que un simple intercambio de indirectas.
“Tengo fotos y videos de las heridas que me hiciste y los mensajes amenazándome de muerte a mí y a mi familia, principalmente a mis hijos”, escribió el rapero. Según su versión, esas lesiones habrían sido provocadas por Zajaris, quien se habría ido luego “para una fiesta a bailar”. El músico fue más allá al afirmar que la actriz ofendía sin medida a los hijos de otras personas, algo que, asegura, conocen bien quienes la han tratado de cerca.
Pero el mensaje no quedó ahí. En un segundo texto, Al2 lanzó una de las acusaciones más delicadas hasta ahora: “Yo también, si me pongo a buscar, tengo audios y videos donde ofendes a mis hijos, implorándole a Dios que les dé cáncer. También has dicho muchas veces que vas a pagar para que me macheteen a mi hija en Cuba. Cuenta eso también, ¿o es mentira? Yo tengo las pruebas de eso y si quieres se las muestro a la policía, porque en las redes solo es circo”.

La historia cerró con una frase que marca un punto de inflexión: “Contigo es con la policía directo”.
Más allá de quién tenga la razón, algo que solo una investigación formal podría determinar, lo cierto es que este intercambio expone una realidad inquietante: cuando los conflictos personales se convierten en espectáculos públicos, las fronteras entre denuncia legítima, catarsis emocional y linchamiento digital se vuelven peligrosamente borrosas.
En una comunidad tan conectada como la cubana, donde los artistas no solo entretienen sino que también moldean imaginarios colectivos, estos episodios tienen un impacto que va más allá del chisme. Hablan de relaciones marcadas por la violencia, de heridas que no sanaron y de la necesidad urgente de que temas como el abuso, las amenazas y la protección de los menores salgan del circo de las redes y entren, con seriedad, en los espacios que corresponden.

















