En las últimas semanas se ha repetido una narrativa que corre rápido por TikTok y otros espacios digitales frecuentados por cubanos emigrados o en proceso de emigrar: llegar a España y, en poco tiempo, comprarse una casa “en cash”, “cachirulo” como dicen los cubanos, sin hipoteca y sin deberle nada a nadie.
El caso más reciente es el de una creadora de contenido conocida como Yuris Latina, que asegura haber comprado su vivienda al contado tras solo dos años en el país, en un municipio de la Comunidad Valenciana. Días antes, otra cubana, Lauren González, había contado una experiencia similar, afirmando que se convirtió en propietaria al año y cuatro meses de haber llegado, aunque matizando después que aquello implicó quedarse sin ahorros durante casi un año.
El problema no es que estas historias sean falsas. El problema es cómo se están contando y cómo están siendo leídas. Porque, tal como circulan, transmiten la idea de que en España “llegar y comprar” es un camino relativamente directo, cuando en realidad se trata de un proceso complejo, lleno de matices, riesgos y condiciones que no se están explicando con la misma claridad.
España permite comprar vivienda a extranjeros, incluso sin residencia legal, siempre que se pueda justificar el origen del dinero y cumplir con los requisitos notariales y fiscales. Eso es cierto. Pero de ahí a sugerir que comprar una casa al contado es una opción realista para la mayoría de los recién llegados hay un trecho largo.
El primer factor clave es el lugar. No es lo mismo comprar en un pueblo del interior de Alicante, como Cocentaina, que hacerlo en Madrid, Barcelona, Valencia o Málaga. En muchas zonas rurales o semi rurales, especialmente en la España interior o en municipios pequeños de comunidades como Castilla-La Mancha, Extremadura o Aragón, todavía existen viviendas entre 40.000 y 80.000 euros, algunas incluso por debajo. En grandes ciudades y zonas turísticas tensionadas, esas cifras simplemente no existen.
El segundo factor es el “cash”. Comprar al contado no significa llegar con una maleta de billetes. Implica transferencias bancarias justificadas, control de blanqueo de capitales, impuestos de transmisión patrimonial o IVA, gastos notariales, registro de la propiedad y, en muchos casos, reformas importantes. Incluso una vivienda “barata” puede requerir fácilmente entre un 10 % y un 15 % adicional del precio solo en gastos asociados. Eso sin contar el coste de adecuarla para vivir.
En los casos que se han hecho virales, hay elementos que se mencionan, pero no siempre se ponderan. Ingresos elevados a través de redes sociales, algo que no es replicable de forma masiva como es el caso de esta última propietaria: Yuris Latina (@yuris_latina) en TikTok.
@yuris_latina ♬ sonido original – 🇨🇺Yuris_Latina🇪🇸
Parejas con oficios clave, como albañilería, electricidad o fontanería, que reducen drásticamente el coste de reformas. Elección de municipios fuera del radar inmobiliario tradicional. Y, en el segundo testimonio, un sacrificio extremo: quedarse prácticamente sin colchón financiero durante meses, con niños pequeños y dependiendo de ayudas familiares.
@laurensgonzalez96 No importa que tan difícil se te ponga la vida si tienes que dar un paso imporatante avanza las cosas buenas no viene sola tienes que salir a buscarlas#parti#luchaportussueños#cubanosenespaña#viral ♬ sonido original – Laurens🇨🇺Mate🇪🇸Vale
Lo preocupante es el efecto contagio. El “virus” no es comprar una casa, sino la expectativa. La idea de que se puede emigrar a España y que, casi automáticamente, puede uno convertirse en propietario rápido si uno “se arriesga”. Esa expectativa puede empujar a decisiones financieras peligrosas, a compras impulsivas en mercados que empiezan a tensionarse y, a medio plazo, a alimentar dinámicas de burbuja en zonas donde ya se observa presión de demanda.
España arrastra un problema estructural de vivienda. En ciudades grandes, el acceso es cada vez más difícil incluso para la población local. En pueblos pequeños, la llegada súbita de compradores externos con capacidad de pago al contado puede distorsionar precios en muy poco tiempo. Ya ha pasado antes, con jubilados europeos, con inversores extranjeros y con alquiler turístico. No es descabellado pensar que un nuevo flujo migratorio con mentalidad de compra rápida tenga efectos similares.
Nada de esto invalida las historias personales MUY PUNTUALES, ni el mérito de quienes lo han logrado. Pero convertir excepciones en modelo es irresponsable. Comprar vivienda en España exige planificación, asesoría legal, conocimiento fiscal y, sobre todo, entender que no todos los territorios ni todas las situaciones personales permiten el mismo resultado.
Llegar, trabajar, alquilar, estabilizarse y luego comprar sigue siendo, para la mayoría, el camino más sensato. Todo lo demás puede funcionar para algunos. Para muchos otros, puede convertirse en una trampa.
Y ahí es donde conviene parar, bajar el volumen del entusiasmo viral y mirar los números con la cabeza fría. Porque las casas no se compran con likes, y las burbujas nunca avisan cuando empiezan.

















