Cada fin de año, mientras unos hacen balance y otros prometen cambiar de vida, una web británica se dedica a otra cosa: contar muertos anticipados. DeathList cerró 2025 con un marcador que resume bien su propuesta: 11 aciertos sobre 50 nombres. No es un récord, no es un fracaso. Es, más bien, la confirmación de que el proyecto no intenta predecir el futuro, sino ritualizar la espera de la muerte en clave de entretenimiento oscuro.
Es cierto que todavía nos queda este día, el 31, pero eso no les importa a ellos. Ellos van adelantando, nosotros citándolos y mientras, vemos con alegría que algunos vencieron a la Parca, aunque puede que sea solo de manera temporal. Es cierto, también vemos con tristeza que «fulano no se fue».
La DeathList no se presenta como ciencia ni como oráculo. Se presenta como un juego con reglas propias. Sus creadores insisten en que no incluyen a cualquiera: los nombres deben ser suficientemente conocidos en medios británicos, no pueden ser famosos solo por estar a punto de morir y, además, hay un límite para repetir candidatos año tras año. Esa supuesta ética interna es la que permite que la lista circule cada diciembre sin demasiadas preguntas, como si fuera una quiniela macabra aceptada por consenso tácito.
En 2025, los once “aciertos” incluyeron figuras muy mayores, con trayectorias públicas largas y, en muchos casos, presencia recurrente en listas anteriores. Ese detalle es clave para entender cómo funciona el mecanismo. No se trata de intuición ni de olfato periodístico. Se trata de estadística básica aplicada al prestigio: edad avanzada, visibilidad constante y repetición aumentan la probabilidad de que, en algún momento, el año “cuadre”.
Los 11 nombres que la página registra como “éxitos” en 2025 (en rojo en las imágenes debajo) son: Jean-Marie Le Pen (primer acierto del año), Linda Nolan, Gene Hackman, Brian Wilson, Sandy Gall, Cleo Laine, Jim Lovell, Giorgio Armani, Patricia Routledge, Prunella Scales y Stanley Baxter (el undécimo, anunciado el 12 de diciembre). Si miras el ranking dentro de la lista, el patrón es interesante para tu nota: acertaron tanto con un nombre colocado muy arriba (Le Pen estaba en el puesto 15 de 50) como con un top 10 (Linda Nolan aparecía en el 9), pero la mayoría de los aciertos están en la zona media y baja del ranking, que es donde se refugia el comité para “cubrirse” con gente de edad muy avanzada y alta notoriedad británica.



Lo interesante no es a quiénes acertaron, sino cómo se interpreta ese acierto. Once de cincuenta puede sonar a eficacia para quien busca señales, pero también revela el límite del formato. Incluso afinando el perfil, incluso repitiendo nombres, incluso jugando con figuras que el público asume “en capilla”, la muerte no se deja ordenar en un calendario anual.
Convertir la muerte ajena en tabla de posiciones es una forma de domesticar la ansiedad colectiva: si alguien “tenía que pasar”, mejor que pase dentro de una lista. Y ahí está, de hecho, el ángulo más útil: el listado es más una radiografía del tipo de celebridad que el Reino Unido considera “obituariable” que una capacidad real de anticipar nada.
Es muy probable que la lista de 2026 salga alrededor del cambio de año, digamos que… mañana, porque DeathList funciona como “lista del año en curso” y suele actualizarse cuando empieza el nuevo calendario.
La DeathList de hpy 31 de diciembre no dice quién morirá mañana. Dice algo más incómodo: que seguimos buscando patrones donde no los hay, y que el morbo, cuando se presenta con reglas y porcentajes, parece más aceptable. Once aciertos no prueban nada. Salvo que el juego, mientras no nos toque, siga funcionando.



















