Víctimas de Fernando Bécquer y un concierto del Tun Tun a 300 pesos

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Lilliana Balance, una de las jóvenes que dio su testimonio a la revista El Estornudo como parte de una denuncia colectiva contra el trovador cubano Fernando Bécquer al que acusan de haberlas violentado . o violado – físicamente, denuncia ahora el silencio oficial, en cuanto al caso, hacia ellas, como testimoniantes, y la actitud soberbia en las redes de otro trovador, amigo de Fernando Bécquer, Ray Fernández.

Lilliana, en un post que ha publicado en su perfil personal de Facebook denuncia que, luego de recibir una notificación oficial, por parte de las autoridades cubanas, para que aquellas denunciantes que residen fuera de Cuba escribieran al correo ([email protected]) y ofreciesen su declaración por escrito con relación a los hechos narrados por ellas en El Estornudo, lo único que han recibido por el momento es SILENCIO.

«Ellos – se refiere a la Fiscalía General de la República – no han tenido la decencia de siquiera dar una respuesta, un correo que diga mínimo “recibido”, aunque sabemos que lo recibieron, porque nunca nos rebotó,» denunció Liliana.

En este punto hago un aparte para recordar que, el pasado mes de enero, Daniel Triana, Carolina Barrero y el activista conocido en las redes como «Tata Poet», se manifestaron en señal de protesta, los tres, frente a la sede del Tribunal Supremo Popular, para denunciar los juicios relacionados con el 11J y la presencia de menores en las cárceles por ese motivo. Luego de varios minutos de «manifestación», una funcionaria que atendía a la población salió y les pidió que «pasaran» al interior del edificio para conversar. Entre esa funcionaria y otro que atiende la parte informática en el TSP, le expresaron a los activistas que para «protestar» existían las vías formales.

¿Para que querrían aquellos que se usaran las vías formales establecidas a la hora de una denuncia? ¿Para engavetarla? ¿Para arroparla y acunarla tal y como han hecho con los correos enviados a la Fiscalía General de la República por al menos cuatro víctimas del trovador Fernando Bécquer?

Lilliana comienza su testimonio con una especie de «mea culpa» por reconocer que si bien la primera denuncia no hecha ante «instancia oficial cubana de ningún tipo», los hechos del por qué no lo hizo parecen justificarse con el silencio recibido por parte de los medios oficiales y, a posteriori, de la propia Fiscalía General de la República.

«Cubadebate no contestó mi comentario, ni se dio por aludido ante los puestos en su página por algunas de las que fuimos tiempo después parte del reportaje del Estornudo (…) No obstante, prestas a rectificar, cada una de nosotras escribió al correo que nos fue proporcionado con este fin, por no encontrarnos residiendo en Cuba.»

Instantes después Lilliana revela algo absolutamente escandaloso. De la Fiscalía General de la República, les habrían pedido que escribieran «nuestra declaración en primera persona y luego una copia en 3ra persona, (como si lo hubieran hecho ellos)»

«(…) ¿Se espera que quedemos tranquilas y nos conformemos con la ausencia total de palabras de organizaciones como la FMC, el CENESEX, el NTV, PNR, Con Filo, el Ministerio de Cultura, La Empresa Nacional de Música Popular, y cualquier otra organización a la que pudimos haber presentado nuestra queja, o nuestra denuncia?,» se cuestionó Liliana, que luego añade que «la única institución que tuvo la decencia de tomar las palabras de una trovadora muy querida Rita del Prado y hacerlas suyas por limpias, sinceras con una actitud honrada, fue el Centro Pablo de la Torriente Brau dejándonos solo ellos, claros su sentir y su apoyo a todas nosotras y al respeto por la ley.»

Ray Tun Tun: trovador machista confeso y misógino.

Un párrafo más adelante, Lilliana se pregunta.

¿Por qué ninguna de las otras instancias antes mencionadas se hace visible aunque sea en el muro de un trovador machista confeso y misógino a todas vistas, para instarlo a callarse? O le aconseja al menos que se informe mejor, que no se quede solamente con la palabra del acusado, por más que sea su amigo?

Lilliana se refiere – y añade una captura de pantalla de algunas de las tantas cosas absolutamente ofensivas y misóginas expresadas – a Ray Tun Tun, quien en su muro con toda intención de defender a su amigo Bécquer, ha librado toda una batalla personal, deleznable y misógina de revictimización de las mujeres que acusan a Bécquer de haberlas violado o violentado.

«Y digo insta, y digo aconseja, porque no hay nada más que hacer,» continúa diciendo Lilliana.

«Podrían decir y pensar lo que quieran, pero si se hacen eco de la voz de un hombre que ha engañado cuando menos a 30 mujeres, podemos esperar que a alguna, una aunque sea de esas instituciones a las que no acudimos en primer lugar, le parezca, cuando menos, errado mentir por desconocimiento y se tome un minuto para aclarárselo. Eso asumiendo que a la misma instancia a la que le da igual responder con un acuse de recibo, no le de igual que hagan el ridículo. Ni que las víctimas potenciales sigan expuestas, porque no se sienten respaldas como mismo nunca lo sentimos nosotras. Ni una pequeña reparación de ningún tipo.Pero no eso, una declaración simple, una aclaración en todo caso al estilo: “El caso de las denuncias al cantautor Fernando Becquer Cifuentes se está trabajando aún” no estaría de más,» concluye Liliana.

¿Por qué ningún representante oficial de «organizaciones como la FMC, el CENESEX, el NTV, PNR, Con Filo, el Ministerio de Cultura, La Empresa Nacional de Música Popular,» y el Ministerio de Cultura, ha citado a Ray a sus oficinas a «aconsejarle» o «instarlo» a que suspenda ese tipo de declaraciones y acusaciones? A fin de cuentas estamos hablando de un trovador «revolucionario» que, a todas luces, está empañando y embarrando la obra de la Revolución con este tipo acto hostil contra mujeres que muy bien pudieran representar a todas las mujeres cubanas que en la isla han sufrido y sufren la violencia de género?

De las autoridades de la Seguridad del Estado no podemos esperar semejante actitud, toda vez que sus agentes, al más puro estilo de machirulo o machurriento, cuestionan a mujeres citadas por ellos por su forma de vestir «sexy».

Pero sí las autoridades cubanas interesadas en amordazar ciertas bocas y atar ciertas lenguas no les interesa llamar al control a Ray Tun Tun Fernández, «la sociedad civil cubana» por llamarla de algún modo, pudiera articularse para sancionar al trovador.

Al parecer ya lo han castigado, algunos – Michel Mirabal ya no lo quiere en su casa y Javier Sotomayor, propietario del Bar 2,45 tampoco – y sus canciones se cotizan a la más que módica cifra de 300 CUP.

El Bar-Restaurante DKAMINO, un negocio privado en La Habana, acogió este sábado al misógino y machista Tun Tun en sus predios para que animara un concierto. La entrada costó 300 CUP.

Llama la atención que, en este tipo de empeño noble, un Bar como Melodi, sito en la Avenida 41 esquina 30, en el municipio de Playa, promocione conciertos del trovador en sus predios. Que ciertas personas – sobre todo mujeres – todavía se gasten 300 CUP en escucharlo.

Como norma, la imparcialidad periodística y criterio del periodista tiende más a la libertad de opinión y de acciones de los protagonistas cívicos; pero también los periodistas, como parte de la sociedad civil y seres humanos, antes que todo, tienen una responsabilidad con la sociedad en que viven.

La historia de la humanidad así lo recoge: los principales movimientos civiles y revoluciones han sido lideradas e impulsadas por los sectores de la intelectualidad – escritores, artistas, periodistas, abogados, etc. – y no está de más exigir y exigirnos cada día más como sociedad. Eso incluye ciertas pizcas de decoro, decencia, honestidad y respeto que, al parecer, algunos emprendedores cubanos aún no han podido «comprar» ni en MLC, en la tienda Palco.

No se trata de boicot. Se trata, ya que hablamos del bar Melodi, de restaurar el respeto en una sociedad fragmentada y dañada; donde cada día más las normas del civismo se escapan por los tragantes y alcantarillas. De cerrarle todos los espacios al mal gusto y el escaso civismo.

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