Trump aprieta el cerco sobre Cuba mientras Rubio emerge como interlocutor clave

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, colocó nuevamente a Cuba en el centro de su agenda exterior tras una serie de declaraciones en las que combinó advertencias sobre una posible acción más dura, un diagnóstico de colapso económico en la isla y señales de que su administración mantiene contactos directos con La Habana a través del secretario de Estado, Marco Rubio. Las afirmaciones, realizadas en intercambios con la prensa a bordo del Air Force One el 16 de febrero, dibujan un escenario de presión máxima acompañado de un mensaje claro: Washington considera que el gobierno cubano debería llegar a un acuerdo antes de que la crisis se agrave.

Trump dejó abierta la posibilidad —aunque sin confirmarla— de una operación contra Cuba similar a la realizada recientemente en Venezuela, pero matizó que no cree que sea necesaria por ahora. “No quiero responder eso. Si lo hiciera, no sería una operación muy difícil, pero no creo que sea necesario”, afirmó, en una frase que funciona a la vez como advertencia y como herramienta de negociación. El mandatario insistió en que la situación en la isla es crítica, marcada por la escasez de combustible y la incapacidad para sostener servicios básicos.

En su descripción del escenario cubano, Trump subrayó la gravedad de la crisis energética. “Ni siquiera tienen combustible para que despeguen los aviones”, dijo, aludiendo a la paralización de operaciones y al deterioro de infraestructuras. El presidente fue aún más explícito al resumir la situación en términos contundentes: “No hay petróleo. No hay dinero. No hay nada”, señalando que el país se encuentra al borde de un colapso económico y operativo.

Las declaraciones se producen en un contexto en el que la interrupción del suministro petrolero venezolano y el endurecimiento de las sanciones han profundizado los apagones y las dificultades económicas en la isla, alimentando la narrativa de crisis que Washington utiliza para justificar su estrategia.

Uno de los elementos más relevantes del mensaje presidencial fue la confirmación de que existen contactos en curso entre ambos gobiernos. Trump aseguró que Marco Rubio está directamente involucrado en esas conversaciones. “Estamos hablando con Cuba ahora mismo. Marco Rubio está hablando con Cuba”, afirmó, sin detallar si se trata de negociaciones formales o intercambios preliminares. La afirmación refuerza el papel del jefe de la diplomacia estadounidense como figura central en cualquier eventual proceso de entendimiento.

El presidente también describió a Cuba como una “amenaza humanitaria” y sostuvo que un acuerdo sería beneficioso tanto para la población de la isla como para la comunidad cubanoamericana en Estados Unidos. Según Trump, la gravedad de la situación exige una solución negociada que permita aliviar las condiciones económicas y sociales. “Deberían absolutamente hacer un acuerdo porque es una amenaza humanitaria”, insistió.

En ese marco, el mandatario apeló directamente a los cubanoamericanos, un electorado clave en la política estadounidense hacia la isla. “Tenemos muchos grandes cubanoamericanos que estarán muy felices cuando puedan volver y saludar a sus familiares”, declaró, sugiriendo que un eventual entendimiento podría facilitar reencuentros familiares y una normalización parcial de las relaciones.

Trump también expresó interés en la situación de quienes, según sus palabras, fueron “tratados muy mal por Castro y por las autoridades cubanas”, reforzando un discurso que conecta la política exterior con el relato histórico del exilio.

Mientras tanto, Marco Rubio ha endurecido el tono en materia migratoria y de seguridad. El secretario de Estado reiteró que obtener una visa para Estados Unidos no es un derecho, sino un privilegio sujeto a condiciones.

“Nadie tiene derecho a una visa”, afirmó, subrayando que el gobierno revocará documentos a quienes participen en actividades contrarias al interés nacional o a la seguridad del país. Sus declaraciones se enmarcan en un contexto de mayor escrutinio sobre visitantes extranjeros y refuerzan la idea de que la política hacia Cuba combina presión diplomática con control migratorio.

Durante recientes declaraciones, Rubio afirmó que el presidente Donald Trump prioriza soluciones diplomáticas ante la tensión con Irán y que está dispuesto a dialogar para alcanzar acuerdos que atiendan las preocupaciones de Washington. Señaló que Estados Unidos permanece abierto a negociaciones, aunque advirtió que será un proceso difícil debido a las profundas diferencias con el liderazgo iraní. Sus declaraciones coinciden con preparativos para nuevas conversaciones en Ginebra sobre el programa nuclear, mientras el Pentágono refuerza su presencia militar en Oriente Medio como medida preventiva. Rubio expresó cautela y esperanza en que la vía diplomática logre resultados, subrayando que la evolución de las negociaciones definirá el rumbo de la relación bilateral.

El protagonismo de Rubio también alimenta especulaciones sobre su futuro político. Consultado sobre un posible respaldo a una eventual candidatura presidencial del secretario de Estado en 2028, Trump evitó comprometerse, pero lo elogió abiertamente. “JD es fantástico y Marco también. Ambos son fantásticos. Y creo que Marco hizo un gran trabajo en Múnich”, dijo, en referencia a su participación en la Conferencia de Seguridad. Aunque el presidente aseguró que no es algo que le preocupe por ahora, sus comentarios reflejan que Rubio se mantiene como figura relevante dentro del Partido Republicano.

La combinación de elogios, responsabilidades diplomáticas y visibilidad internacional coloca al secretario de Estado en una posición destacada dentro del trumpismo y sugiere que podría desempeñar un papel central en la estrategia hacia Cuba en los próximos años.

Las declaraciones de Trump se producen en un momento de alta tensión regional, con Cuba enfrentando apagones prolongados, escasez de combustible y dificultades económicas que afectan la vida cotidiana. Analistas señalan que la retórica de Washington forma parte de una estrategia de “máxima presión” destinada a forzar concesiones políticas o económicas por parte del gobierno cubano.

Al mismo tiempo, la insistencia en que existen conversaciones abiertas indica que la Casa Blanca busca mantener un canal de comunicación que permita explorar posibles acuerdos sin renunciar a la presión. Este equilibrio entre amenaza implícita y oferta de diálogo ha caracterizado históricamente la política estadounidense hacia la isla en momentos de crisis.

El mensaje general que emerge de las intervenciones presidenciales es claro: Estados Unidos considera que Cuba atraviesa un momento decisivo y que el desenlace dependerá en gran medida de la disposición del gobierno cubano a negociar. La referencia a una posible operación, aunque descartada por ahora, refuerza la percepción de que Washington mantiene todas las opciones sobre la mesa.

En paralelo, el énfasis en la dimensión humanitaria y en el impacto sobre los cubanoamericanos sugiere que la administración busca legitimar su postura tanto en el ámbito internacional como en el doméstico.

Por ahora, no se han dado a conocer detalles sobre el contenido de las conversaciones ni sobre posibles condiciones para un acuerdo. Sin embargo, la reiteración de que Rubio está involucrado y de que la situación es urgente indica que la política hacia Cuba seguirá siendo un tema prioritario en la agenda de Washington.

La evolución de estos contactos y la respuesta de La Habana determinarán si el actual momento deriva en un proceso de negociación, en un aumento de la presión o en un escenario prolongado de incertidumbre. Mientras tanto, las declaraciones de Trump han vuelto a situar la relación bilateral en un punto de máxima atención internacional, con implicaciones que trascienden la política y afectan directamente a millones de personas dentro y fuera de la isla.

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