La arquitectura del narcotráfico en México ha sufrido su sismo más potente en una década. El abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, no solo representa la desaparición física del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), sino el esperado fin de una era de expansión violenta que posicionó a esta organización como la más poderosa y peligrosa del país.
La caída del capo de 59 años ocurrió en el municipio de Tapalpa, un pintoresco pueblo montañoso a 100 kilómetros de Guadalajara. Según informes de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), fuerzas especiales del Ejército, respaldadas por unidades aéreas, sorprendieron al líder criminal en su bastión. Aunque “El Mencho” fue capturado con vida, las heridas sufridas durante el enfrentamiento resultaron fatales, falleciendo mientras era trasladado vía aérea hacia la Ciudad de México.
Este golpe quirúrgico no fue un esfuerzo aislado. La Casa Blanca, a través de su vocera Karoline Leavitt, confirmó que Estados Unidos proporcionó inteligencia crítica para localizar al “infame capo”. Para el gobierno de Donald Trump, Oseguera era el objetivo número uno debido a su rol preponderante en el tráfico de fentanilo, una crisis de salud pública que ha tensado la relación bilateral.
La neutralización del CJNG tuvo consecuencias. En una demostración de fuerza transregional, el grupo criminal activó células en 20 de los 32 estados del país. El balance de la jornada es desolador: 252 bloqueos viales, saqueos en más de 80 tiendas de conveniencia y ataques directos a instituciones bancarias.
Estados como Jalisco, Michoacán y Guanajuato se convirtieron en zonas de guerra. En Guadalajara, los ciudadanos vivieron momentos de pánico en el aeropuerto y centros comerciales, mientras que en Puerto Vallarta, el turismo —motor económico de la región— se detuvo en seco ante la suspensión de vuelos internacionales. La violencia cobró la vida de al menos 14 personas, incluyendo siete elementos de la Guardia Nacional.
Para la presidenta Claudia Sheinbaum, este evento marca un punto de inflexión en su administración. Tras meses de mantener una línea similar a la de su predecesor, la presión de Washington parece haber inclinado la balanza. La captura de “El Mencho” es el trofeo que el gobierno mexicano necesitaba presentar ante una administración estadounidense que ha amenazado con designar a los cárteles como organizaciones terroristas.
Sin embargo, la victoria es agridulce. La historia del narcotráfico en México advierte que la caída de un gran capo suele preceder a una fragmentación violenta. Con el CJNG presente en más de 21 estados y un centenar de países, la lucha por la sucesión interna o el avance del Cártel de Sinaloa sobre sus territorios podría desatar una carnicería aún mayor.
México amanece hoy con un enemigo menos, pero con 20 estados bajo vigilancia militar y una población que, como Jacinta Murcia en el aeropuerto de Guadalajara, camina con miedo. La pregunta ya no es quién gobernaba el CJNG, sino quién podrá gobernar el vacío de poder que “El Mencho” ha dejado tras de sí.

















