Tres episodios recientes —represión a periodistas, cerco diplomático y obscenidad institucional— revelan una misma lógica de control, impunidad y degradación simbólica en Cuba.
En un giro irónico del destino, la propia UPEC, que alguna vez fue un bastión de la propaganda oficial, ahora se enfrenta al dilema de cómo abordar una verdad incómoda: el periodismo oficial, al igual que el resto de la sociedad cubana, se encuentra en una encrucijada sin fácil salida.