Nicolás Maduro atraviesa uno de los momentos más tensos de su permanencia en el poder: mientras Estados Unidos incrementa su presencia militar en el Caribe y Trump confirma que mantiene “todas las opciones sobre la mesa”, varios medios internacionales reportan que el mandatario venezolano cambia cada noche de habitación, de teléfono y de ruta de descanso para evitar ser localizado ante un eventual ataque. Aunque insiste públicamente en que no abandonará el país, la presión diplomática, militar y económica sobre su gobierno alcanza niveles críticos, en medio de llamadas telefónicas con Trump, nuevas sanciones y un creciente cerco internacional.
La interdicción de tanqueros vinculados al crudo venezolano por parte de Estados Unidos reaviva temores energéticos en Cuba y reactiva la disputa política regional.
El desvío de vuelos rusos desde Venezuela hacia Cuba en plena escalada militar en el Caribe reabre la pregunta sobre el aislamiento de Maduro y el verdadero alcance del respaldo de Moscú.
La pregunta de si al caer Venezuela “cae” Cuba tiene fundamentos concretos en los lazos de dependencia energética, militar y diplomática. Que Cuba sobreviva a una eventual crisis venezolana depende en gran medida de su capacidad de diversificar alianzas, reducir vulnerabilidades y revertir la senda de suministro decreciente que hoy marca su horizonte.
La tensión entre Estados Unidos y Venezuela volvió a escalar en las últimas horas, y Cuba se ha colocado al frente de la defensa de Caracas acusando a Washington de buscar un “derrocamiento violento” para apoderarse del petróleo venezolano. Mientras La Habana denuncia una ofensiva militar y política en el Caribe, persiste la pregunta que atraviesa la región: ¿por qué, aun bajo sanciones y aislamiento, Nicolás Maduro sigue aferrado al poder?
Trump niega ataques a Venezuela y la Casa Blanca desmiente una ofensiva “inminente”. Reportes citan fuentes anónimas; el Congreso busca limitar “hostilidades”.
De momento, todo apunta a un episodio donde el rumor corre más rápido que la información oficial. Lo responsable, para las autoridades, sería aclarar si se trata de ejercicios rutinarios, actualización de expedientes o algo más. Y para los convocados, exigir por escrito el motivo, la duración y el estatus de la citación. En un país exhausto por apagones y carencias, cualquier insinuación de “movilización” tiene un eco político y emocional difícil de contener.
El mandatario informó del ataque a través de su red Truth Social, donde aseguró que se trataba de “narcoterroristas confirmados” que transportaban drogas ilegales, definidas por él como “un arma mortal que envenena a los estadounidenses”.