Erasto Crisanto Valdés fue encontrado con vida el 7 de agosto por un equipo de buzos mexicanos y extranjeros, tras 15 días perdido en las profundidades de un cenote entre Veracruz y Oaxaca. Sobrevivió gracias a una caverna con aire, agua del propio cenote y, según cuenta, a su fe.
Historias como esta no son frecuentes, pero tampoco únicas. En Colorado, en 2015, otro hombre sin hogar, Michael Engfors, ganó medio millón de dólares tras vivir en las calles durante seis años. Casos así nos recuerdan que la línea entre la estabilidad y la precariedad puede ser muy fina, y que incluso en los peores momentos, la esperanza puede materializarse de la forma más inesperada.