Un sacerdote de 72 años en Miami fue arrestado luego de que una discusión con una mujer que dejaba donaciones en la iglesia terminara en forcejeos, daños al vehículo y acusaciones de agresión. La víctima, con antecedentes cardíacos, debió ser hospitalizada; el párroco quedó en licencia administrativa.
Tres expedientes, tres modalidades delictivas y un mismo punto de convergencia: Miami, donde las fronteras entre lo local y lo internacional son delgadas, y donde el sistema judicial continúa lidiando con redes que aprovechan ese tránsito constante.
El proceso judicial no era nuevo para él. En 2015, un jurado ya lo había condenado a muerte por el mismo crimen, también con una votación 9 a 3, pero la sentencia fue anulada por cambios constitucionales relacionados con la aplicación de la pena capital en Florida. Esta vez, los fiscales insistieron en que la violencia del ataque —y el hecho de que Andrés ya era un asesino convicto— justificaba la ejecución. Recordaron que en 1987 él había matado a puñaladas a Linda Azcarreta, amiga de su esposa, un crimen por el que apenas cumplió 18 meses de prisión tras declararse culpable.
El deceso ocurrió mientras el barco navegaba en aguas internacionales, y fue reportado al atracar en Miami. El FBI asumió el caso en cumplimiento de su protocolo habitual, que establece su jurisdicción en muertes o presuntos delitos cometidos en embarcaciones con bandera estadounidense o que arriban a puertos del país.
más allá de la contentura porque la gasolina ha bajado, la pregunta seria es si ese eventual cheque compensaría lo que el hogar promedio de Miami viene pagando de más en el mercado desde que Trump volvió al poder en enero de 2025.
Mientras Huss se prepara para cumplir su condena en prisión federal, el episodio deja un claro recordatorio: la línea que separa la imagen pública glamorosa del fraude real puede ser más delgada de lo que parece —y que detrás de los filtros de Instagram muchas veces hay cuentas por rendir.
Según el reporte policial, la víctima fue sorprendida por dos hombres identificados como Jairo Morales, de 21 años, y su hermano Jacob Morales, de 26. Los agentes de Sweetwater detallan que lo golpearon y le arrancaron las joyas que llevaba encima, valoradas en unos 3 000 dólares, antes de salir corriendo hacia el estacionamiento. Allí los esperaba un BMW X6 blanco modelo 2025, donde estaban los otros dos presuntos cómplices: Cherry Gómez, de 28 años, y Bastián Rojas, de 25.