Con el amanecer del 29, Melissa ya había tocado tierra por Guamá con vientos cercanos a 200 kilómetros por hora, y el discurso oficial insistía en la épica de la resistencia mientras la gente pedía información clara, órdenes coherentes y ayuda tangible.
Quedará tiempo para releer la coincidencia entre música y territorio; ahora toca el inventario sobrio de daños, la restitución de servicios críticos y el apoyo a quienes lo perdieron todo en pocas horas. Cuando amaine y se abran las carreteras, esa ruta cantada volverá a ser recuerdo y pertenencia. Esta noche, sin embargo, es el trazo exacto por el que pasó un huracán mayor.
Sin mencionar a Cuba, el Washington Post sugirió hoy que gran parte del personal estadounidense que participa en la actual campaña militar del presidente Donald Trump contra los cárteles de la droga en América Latina también está capacitado para responder a desastres naturales, sirviendo en buques con un largo historia en estas misiones de ayudas.
Las autoridades en Granma reconocieron que “vamos a estar sin electricidad” en el oriente de Cuba durante el huracán Melissa. Se prevé apagón total, escasez y una “recuperación dura y difícil”.
El huracán es otra prueba de fuego para Díaz-Canel que está en el ojo público por la toma de varias medidas impopulares desde que fue puesto en el poder como la llamada Tarea Ordenamiento, que disminuyó considerablemente la calidad de vida de los cubanos, así como la respuesta tardía a la recogida de basura, lo que ha provocado un aumento importante de enfermedades provocadas por la proliferación de mosquitos debido a la insalubridad que se percibe en el país.
Melissa no golpeará una isla en calma. Llegará a un país tensionado por apagones, colas, carestía y servicios públicos fatigados, donde muchas familias dependen del día a día para llenar la mesa.
La Organización de Naciones Unidas (ONU) envió a Cuba un cargamento de ayuda humanitaria para apoyar a los damnificados ante el paso del huracán Melissa.