Reportes en redes sociales señalan el asesinato de un joven en La Mula, Maisí, Guantánamo, presuntamente por dos puñaladas. No hay confirmación oficial pública sobre identidad, motivos o responsables.
Pedro Ravelo, cubanoamericano de arededor de 60 años, murió en su vivienda en Mantilla; versiones preliminares lo vinculan a una transacción de dólares.
Un hombre en situación de calle murió en Cárdenas tras ser incendiado mientras dormía, según reportes en redes. En Cabaiguán, circulan nuevos detalles sobre el asesinato a tiros de Félix Brito y la identificación de un presunto agresor, a partir de testimonios ciudadanos.
En Santiago de Cuba, la muerte de un adolescente electrocutado en San Luis y la captura de un sospechoso de homicidio en Songo La Maya dejaron preguntas, duelo y tensión social.
una mujer identificada como Darmis Figueredo, conocida por vecinos como “Gulli”, de unos 38 años, y su pareja actual, Yunito, de alrededor de 43, fue asesinada presuntamente por Adrián Corrales, expareja de Figueredo.
Dos hechos de violencia extrema, uno mortal en Pinar del Río y otro con heridos graves en Villa Clara, han sido denunciados por NiO Reportando Un Crimen a partir de testimonios ciudadanos, en un contexto marcado por alcohol, conflictos previos y ausencia de prevención.
Las autoridades de Guantánamo anunciaron la detención de un recluso prófugo de la prisión de Boniato, implicado además en el sacrificio ilegal de ganado, y la captura de un hombre acusado de un homicidio ocurrido frente a una vivienda en la ciudad. Los casos, difundidos por perfiles oficialistas, generaron reacciones encontradas entre alivio ciudadano y cuestionamientos sobre la seguridad y la efectividad del sistema penal.
Fue identificado como Erandys Zerquera, de 23 años, el joven que murió tras un violento altercado en Trinidad, Sancti Spíritus. Según versiones locales, estaba de pase mientras cumplía una sanción penal y recibió heridas mortales durante una pelea colectiva, un hecho que aumenta la preocupación por la violencia en la zona.
los forenses encontraron no solo restos de comida sin digerir, sino también elementos extraños: cáscaras de huevo y plumas en el estómago del menor, señal de que el pequeño había estado ingiriendo objetos sin supervisión. Esos hallazgos ya sugerían negligencia, pero la pieza definitiva llegó con el informe toxicológico.
El proceso judicial no era nuevo para él. En 2015, un jurado ya lo había condenado a muerte por el mismo crimen, también con una votación 9 a 3, pero la sentencia fue anulada por cambios constitucionales relacionados con la aplicación de la pena capital en Florida. Esta vez, los fiscales insistieron en que la violencia del ataque —y el hecho de que Andrés ya era un asesino convicto— justificaba la ejecución. Recordaron que en 1987 él había matado a puñaladas a Linda Azcarreta, amiga de su esposa, un crimen por el que apenas cumplió 18 meses de prisión tras declararse culpable.
En La Habana Vieja una vieja deuda de sangre se cobró a plena luz del día, frente a todos, y reforzó la idea de que, en muchos barrios de la capital, la vida vale cada vez menos y la violencia se ha convertido en un lenguaje habitual.