En una rivalidad que lleva más de quince años marcando el fútbol mundial, los números siguen moviéndose. Esta vez, el golpe fue de Messi. Y no es solo una cifra redonda: es una forma distinta de llegar a ella.
Ahora, libre de las ataduras del pasado, Sergio Ortega tiene finalmente la oportunidad de "cambiar sus espejuelos", no solo para poder ver mejor si los balones entran o no a la portería, sino también para ver el mundo desde una nueva perspectiva, aunque sus goles fantasmas permanezcan como un legado inolvidable para los fanáticos del deporte cubano.