Los incendios que arrasan el suroeste de Europa han forzado la evacuación de unas 330.000 personas entre España y Francia. España afronta su cuarta ola de calor del verano con varios focos fuera de control, incluido el mayor de su historia, mientras Francia registra un récord de superficie quemada.
La escena no es espontánea. Los residentes, cansados de esperar, se organizaron y pagaron de su bolsillo a esa persona para despejar el paso del agua. La urgencia no era estética, sino de supervivencia: si el tapón se mantiene cuando lleguen las primeras bandas de Melissa, el agua rebasará la losa, inundará las casas más bajas y socavará aún más los apoyos del puente. En una ciudad con drenajes colapsados y basura acumulada, el cauce funciona como el único desagüe posible. Bloquearlo es invitar a la inundación.