Cubana opera una flota pequeña y muy obsoleta, compuesta principalmente por aviones de la era soviética como Antonov, Tupolev y los fuselajes anchos Ilyushin.
El caso de Eva Figueroa y su nieta Lauren —menor de 15 años cuya visa F2A fue denegada por la proclama— se inserta justo en esa grieta. Es una súplica concreta (“liberen a los menores del travel ban”) que encarna una contradicción: el mismo gobierno que argumenta proteger la seguridad nacional clausura, de facto, la vía regular para niños que solo buscan vivir con sus padres residentes o ciudadanos. Medios nacionales han retratado más familias en idéntica situación: procesos avanzados que se quedan sin efecto, entrevistas canceladas y cartas consulares con la misma frase, “ineligibilidad por proclama”.
Cuando los mismos que corearon “Build the Wall” te explican que solo querían una puerta para su familia y descubren que también la soldaron, el voto se convierte en un espejo incómodo. Y el estribillo que se escucha, por primera vez en mucho tiempo, es este: votaron por Trump; ahora dicen que se le fue la mano.
Washington pide a sus connacionales mantenerse informados por canales oficiales, revisar sus planes de seguridad personal y evitar conductas que los hagan blanco fácil, como portar efectivo a la vista, caminar con el celular en la mano o transitar de noche por zonas sin alumbrado.
El caso ha despertado atención en el sur de Florida, donde las restricciones de viaje a Cuba y la falta de supervisión sobre operadores turísticos independientes continúan generando oportunidades para fraudes similares.
Más allá de las versiones y los juicios inmediatos, el caso refleja una grieta más profunda. La combinación de marginalidad, descomposición social y respuestas institucionales torpes parece empujar a los más jóvenes a los bordes de la violencia, mientras el Estado responde desde la represión y no desde la prevención.