La cubana residente en Madrid Netdayris Cruz González y la física de origen cubano Sabrina González Pasterski, nacida en Chicago, encarnan hoy dos trayectorias distintas que convergen en una misma idea: hasta dónde pueden proyectarse los cubanos cuando convierten la migración y la formación en estrategia y no en accidente.
La escena que describen quienes han escuchado a Netdayris Cruz González en YouTube no es la del “emprendimiento” como palabra de vitrina, sino la del aterrizaje real: llegó a un aeropuerto, con 100 euros contados en su bolsillo y ninguna dirección a la que llegar. Este comienzo, que a cualquiera derrumbaría en el suelo, terminó cuando la joven recibió una llamada que, a medianoche, la llevó a la casa de un amigo, como esos amigos que aparecen en el momento justo; como aparecen los salvavidas, sin épica, pero a tiempo para sacarte a flote. Netdayris Cruz González, criada en Cuatro Caminos, Bejucal, provincia de Mayabeque, convirtió ese comienzo en un discurso de método: antes de correr, entender el terreno primero; luego, entonces, “echar pa’lante”.
En una conversación pública con Darlin, también cubana y residente en Madrid, Netdayris repite una idea que funciona como diagnóstico de una generación migrante: se llega pensando que el plan número uno es trabajar, pagar renta y “no ser un estorbo”; pasan dos o tres años, y el golpe es descubrir que se trabajó mucho y se avanzó poco.
En esa charla, ella defiende lo contrario de la fe ciega en el sacrificio: estrategia, estudio y una misión personal clara, como si la vida fuese una empresa con visión y plan financiero. La diferencia, según su relato, no fue talento secreto, sino orientación: la que no tuvo al inicio y que terminó construyéndose sola, leyendo normativa, aprendiendo procedimientos y preguntando hasta que algún “sí” sustituyera la colección de “no”.
Ese camino desembocó en una asesoría que hoy opera bajo la marca NETCG & ASOCIADOS, con servicios vinculados a trámites de movilidad internacional, fiscalidad y contabilidad, además de acompañamiento en procesos que van desde extranjería hasta cuestiones mercantiles. La firma se presenta públicamente con base en Getafe (Madrid) y se promociona en su propio sitio web y canales sociales. Su nombre aparece asociado también a NETCG SOLUTIONS SL en registros mercantiles: figura como administradora única y socia única, con actos publicados en el Boletín Oficial del Registro Mercantil en septiembre de 2025.
El centro del mensaje que ha ido construyendo no es “mírame”, sino “mira el sistema”. En el intercambio con Darlin, Netdayris insiste en algo que suele romperse al emigrar desde Cuba: la conciencia de derechos laborales.
Habla de caídas en el trabajo, de la protección de riesgos laborales, de la costumbre de aguantar por miedo al despido y de cómo ese miedo, más que la ley, manda a veces en la cabeza del recién llegado. Y amarra la idea a otra advertencia práctica: no empezar la vida nueva financiando consumos, porque la deuda termina comiéndose el dinero que debía convertirse en formación.
Ese énfasis en la formación conecta, por contraste, con otra historia de raíces cubanas que circuló esta semana en medios internacionales: la de Sabrina González Pasterski, física nacida en Chicago (1993) y vinculada al Instituto Perimeter de Física Teórica, en Canadá.
No es la primera vez que se habla de ella, pero la entrevista ha impactado por el modo en que Pasterski ha rechazado la etiqueta de ser “la nueva Einstein”, como la llaman. No lo rechaza por falsa modestia, sino por su crítica a la narrativa que necesita una estrella única para contar un trabajo colectivo.
El propio Perimeter la presenta como fundadora e investigadora principal de la Celestial Holography Initiative, dedicada a preguntas de gravedad cuántica y a enfoques como la holografía celestial. Un perfil reciente divulgado por Yahoo (que recoge el trabajo periodístico de BBC Mundo) retoma episodios de su adolescencia —la construcción de un avión siendo muy joven— y menciona que investigaciones en las que participó fueron citadas por Stephen Hawking, uno de los puntos que disparó el apodo mediático. En una lectura más amplia sobre su trayectoria y su trabajo, Wired también ha abordado su papel en esa línea de investigación y su intento de tender puentes entre áreas.
Puestas una al lado de la otra, las dos historias no hablan de “éxito” como un destino decorativo, sino de control sobre el relato: Netdayris lo busca en la burocracia cotidiana, y Pasterski lo exige en el lenguaje que cuenta la ciencia —menos mito individual, más trabajo compartido—. En ambos casos, la pelea no es solo por llegar, sino por no dejar que el sistema, o el titular, decidan quién eres. Y triunfar.

















