El influencer cubano Pollito Tropical volvió a poner sobre la mesa una ansiedad que muchos creadores cubanos, dentro y fuera de la isla, conocen demasiado bien: despertar un día y descubrir que su principal canal de trabajo ya no les pertenece. El influencer, que asegura haber perdido el control de su perfil de TikTok con unos 4.8 millones de seguidores, ha denunciado que terceros siguen usando su identidad para publicar videos, escribir a patrocinadores y tratar de cobrar dinero a su nombre, mientras él permanece atado a una paradoja común en estas plataformas: no puede “empezar de cero” con normalidad porque su cuenta original sigue activa y fuera de su control.
Pollito Tropical afirmó, —desde su nueva cuenta recién creada, en la cual solo tiene hasta el momento 59 seguidores—, que el acceso no autorizado ocurrió a inicios de junio de 2025 y que, desde entonces, los atacantes habrían cambiado parámetros críticos de seguridad como el correo de recuperación, el dispositivo vinculado y hasta el país de registro, lo que complica la recuperación por las vías estándar. El influencer pidió a sus seguidores que reportaran la cuenta como robada.
La denuncia incluye un componente típico de extorsión: la exigencia de una suma de dinero para devolverle la cuenta. Mientras tanto, la cuenta seguiría operando con material suyo y con contactos a marcas, un escenario particularmente peligroso porque el daño no se limita a “perder una red”: compromete reputación comercial, acuerdos y confianza.
@pollitotropica1 Ayudenme a Reportar @Pollito Tropical ♬ original sound – PollitoTropical
Lo que hace que el caso resuene es que no luce aislado. Ya Pollito en el pasado perdió su cuenta de Instagram (cuando apenas tenía si acaso un millón de seguidores) y gracias a «un buen samaritano» logró recuperarla. Esa vez, por un error suyo.
Pero… ¿y esta vez?
noticia relacionada: Pollito Tropical renuncia a su cuenta de TikTok tras ser extorsionado: “Nunca había visto algo tan elaborado”
Si algo no parece muy claro aquí es «el origen» del problema y «cuándo» apareció.
En los últimos años, el debate político en Washington sobre TikTok —que se intensificó en la era Trump y continuó después bajo nuevos marcos legales— ha ido de la mano de una mayor exposición pública de la plataforma, en un entorno donde también se multiplican los fraudes y la suplantación de cuentas. Justo entonces, en el ecosistema de medios comunitarios y páginas de denuncia, apareció el caso de otro cubano que le robaron la cuenta: Niover Licea. Licea, creador del proyecto “Nio Reportando un Crimen”, también fue víctima de un robo similar, y ha compartido con sus seguidores cómo estos ataques se mezclan con suplantaciones y duplicados.
En una transmisión y en publicaciones asociadas a su entorno digital, Licea pidió reportes y bloqueos tras denunciar que su cuenta de TikTok había sido intervenida. Dijo que había sido extorsionado y que el caso ya él lo había dado al FBI, conversado con ellos, tras intentar recuperar por los presuntos canales establecidos por la plataforma, su cuenta. En su caso, reveló Niover a este redactor, cuando en un momento él se puso en contacto con el estafador y le dijo que lo denunciaría a TikTok este se le rió, le dijo que era «buena persona», que «había trabajado en TikTok y que nada podía hacerse».

«YO TRABAJO EN TIKTOK».
A fuerza de ser perspicaces, no hay que ser muy dotado intelectualmente para suponer que en China, donde no existe mucha transparencia digital y en tema de derechos que digamos, a un trabajador de TikTok que le sea asignado un creador «occidental», no le suponga un problema robarse la cuenta si este tiene millones de seguidores.
Puede resultar prejuicioso decirlo así pero todos los casos se parecen entre sí por detalles que se repiten: cambios de correo, de número o de dispositivos; bloqueo del acceso por autenticación de dos pasos controlada por el atacante; mensajes a contactos pidiendo “ayuda” o dinero; números de teléfonos falsos, ubicaciones en lugares tan disímiles como Canadá y California y, en paralelo, la frustración de lidiar con sistemas automatizados de soporte que no avanzan.


La diferencia, casi siempre, la marca el tamaño de la audiencia: a mayor visibilidad, más rentable se vuelve el secuestro de la cuenta, ya sea para pedir rescate, vender “menciones” falsas, estafar a patrocinadores o reconvertir la página en un canal de propaganda, spam o inversión fraudulenta.
En ese contexto, también aparece una sospecha habitual entre seguidores: no todo es “hackeo” sofisticado. Muchas pérdidas de cuentas comienzan con un error humano, un enlace de phishing, un correo que imita a la plataforma, un “verifica tu cuenta aquí”, una contraseña reutilizada o una captura de pantalla enviada donde no debía. O un intercambio «inocente» de mensajería.


A veces no hay un atacante genial, sino un descuido perfectamente común que, con una audiencia grande detrás, se convierte en tragedia económica. Licea, por ejemplo, ha negado que este haya sido su caso. Según él, alguien con pleno acceso a la plataforma le robó la cuenta y ya. Y esto solo es posible hacerlo desde dentro.
No solo le ha sucedido a él; sino también a gente vinculada a su entorno. Un seguidor suyo, también «hombre de éxito», sufrió el «hackeo».
«Al parecer están al parecer al acecho de personas con éxito o auge,» dijo Niover a Cuballama Noticias.
El «influencer cubano del crimen», como lo llaman algunos, afirma que, en su caso cómo sino fuera suficiente, le hicieron una cuenta con mi nombre y foto en Facebook.
Niover afirma que no sabe cuántas veces él ha denunciado todo eso en «esas plataformas». Asegura que han sido «innumerables veces» y…
«No toman acción legal ninguna. No existe siquiera una herramienta eficiente para evitarlo,» destaca.
No solo TikTok e Instagram
Entre los influencers cubanos que han denunciado robos o intentos de robos en sus plataformas de Facebook hay dos casos que vienen a la mente: Agustín Lage y Lara Crofs.
El primero, que aseguran ya recuperó la cuenta, no ha ofrecido detalles de cómo la perdió, pero estuvo meses viendo cómo desde su cuenta de Facebook se divulgaba contenido nopor a diestra y siniestra. Lara, por su parte, parece no haber sido suficientemente cauta, en un primer momento, al no tener configurada correctamente la seguridad en su cuenta. También ella pudo recuperarla.
El problema no es tan sencillo y ajeno, hasta una «experta en redes sociales» como lo es la influencer cubana Flor de Cuba, advirtió en enero, que su cuenta había sido “hackeada” y que estaban usando su perfil para promover una estafa relacionada con criptomonedas, un patrón que se ha repetido a escala global. En ese episodio, también se insistía en la recomendación de siempre: denunciar el perfil, no abrir enlaces y no enviar dinero, incluso si el mensaje parece provenir de alguien conocido.
Otro antecedente reciente lo protagonizó la actriz cubana Heydy González, quien denunció públicamente que su cuenta de Instagram fue comprometida. La noticia circuló acompañada de una advertencia clave: cuando una cuenta cae, lo primero que suelen hacer los atacantes es contactar a amigos, colegas y posibles anunciantes desde mensajes directos, aprovechando el “capital social” de la víctima, pues las cuentas con audiencia real se convierten en vitrinas para engaños financieros, enlaces maliciosos y mensajes privados que buscan transferencias rápidas de dinero.




















