Benfica convierte Da Luz en otra Champions mágica; tumba al Real Madrid con un gol del portero en la última jugada del partido

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El Estádio da Luz volvió a comportarse como ese lugar donde la Champions se sale del guion. Este miércoles 28 de enero de 2026, Benfica derrotó 4-2 al Real Madrid con un desenlace que parecía escrito para el archivo: el portero Anatoliy Trubin subió a rematar en la última jugada del partido y marcó de cabeza en el 98’, un gol de guardameta que terminó empujando a los lisboetas a la zona de playoffs y, de paso, dejó a los blancos fuera del grupo de equipos que avanzan directo a octavos.

La escena final tuvo un detalle que explicó el tamaño del momento sin necesidad de discursos. Thibaut Courtois, que había quedado vendido en el área en ese envío desesperado, fue a buscar a Trubin y lo abrazó con una sonrisa que mezclaba incredulidad y respeto. El belga lo felicitó como se felicita una rareza del fútbol, un gol que no se “encaja” igual que los otros porque lo firma un portero y porque llega cuando el reloj ya está en zona de nadie. La agencia AP subrayó ese abrazo como una de las postales de la noche.

El tanto no fue un capricho aislado sino la culminación de un cierre caótico, de esos que Da Luz parece coleccionar. Para entonces, el Real Madrid estaba con nueve hombres: Raúl Asencio vio roja en el añadido y Rodrygo lo siguió minutos después, de modo que la jugada del 98’ ocurrió con el Madrid defendiendo a la desesperada y con Benfica acumulando cuerpos en el área para una última bola. El centro llegó y Trubin conectó el cabezazo que convirtió el estadio en un salto colectivo.

El gol de Trubin no fue solo una anécdota más: fue el que le aseguró al Benfica seguir en la Champions. Con el 3-2 todavía no tenía garantizado el pase, porque por diferencia de goles y por otros resultados podía quedar fuera. Ese cuarto tanto en el 98’ fue el que le dio el margen justo para meterse en puestos de playoff. Sin él, el Benfica quedaba eliminado; con él, se mantuvo con vida en la competición.

La dimensión estadística del gol también lo colocó en un club pequeño: UEFA lo ubicó entre los pocos porteros que han marcado en la fase principal de la Champions, algo que ocurre de tarde en tarde y por eso se vuelve noticia global cuando aparece.

El contexto también tenía nombre propio en el banquillo local. José Mourinho, entrenador del Benfica, celebró el gol como si fuera una devolución tardía de la Champions a su gusto por los finales dramáticos. Reuters recogió su lectura del partido y del impacto de ese tanto del portero, en una noche que, además, le servía como capítulo especial por enfrentarse al club que dirigió en España: el Real Madrid. Mourinho, que en su etapa blanca dejó una huella tan competitiva como polémica, volvió a medir su capacidad de convertir partidos grandes en episodios emocionales, y lo hizo en un escenario que terminó sirviendo de teatro perfecto.

Da Luz, además, viene insistiendo en esa reputación de estadio para grandes momentos europeos, no solo por la magnitud del rival sino por la forma en que se decide la noche.

El gol de Trubin en el descuento se agregó a un antecedente muy reciente que, en Lisboa, todavía pica: el 21 de enero de 2025, en ese mismo estadio, Raphinha marcó en el tiempo añadido el tanto que cerró una remontada delirante del Barcelona, un 5-4 que quedó como partido de memoria y que se decidió también “in extremis”, en la última curva del reloj con una carrera trepidante de casi 70 metros bajo la lluvia.

Reuters narró aquel cierre como un golpe profundo para Benfica y una noche de locura para el torneo. Da Luz, con estas dos historias consecutivas, empieza a parecer un lugar donde la Champions se siente autorizada a exagerar.

Para el Real Madrid, la derrota tuvo sabor doblemente amargo: no solo por encajar un gol imposible, sino por el modo en que el partido se le fue de las manos en el tramo final, con expulsiones y con una sensación de derrumbe que alimenta el ruido alrededor de los blancos cuando el torneo entra en su zona de vida o muerte. Para Benfica, en cambio, fue la confirmación de una noche que no se olvida: ganar al Madrid, hacerlo con Mourinho en el banquillo y sellarlo con un portero goleador, con Courtois felicitando al héroe rival y con Da Luz sumando otra página de esas que después se usan para decir que la Champions tiene lugares donde se siente más Champions.

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