Un asalto armado a un furgón blindado en el sur de Italia volvió a encender las alarmas sobre las bandas especializadas en ataques a transportes de caudales, tras una operación ejecutada a plena luz del día y en medio del tráfico. El golpe ocurrió el lunes 9 de febrero de 2026 en la carretera estatal 613, el eje que conecta Lecce y Brindisi, en la región de Apulia (Puglia), y dejó imágenes y testimonios que recuerdan escenas de acción, con vehículos incendiados, detonaciones y disparos en una vía abierta al público.
De acuerdo con reconstrucciones publicadas por medios italianos e internacionales, el comando —descrito como un grupo numeroso de asaltantes encapuchados y armados— forzó la detención del convoy bloqueando la carretera con vehículos y prendiendo fuego al menos a una furgoneta y a un camión para inmovilizar el tránsito. En ese punto, el objetivo fue un vehículo de transporte de valores de la empresa Battistolli (citada en varias coberturas como BTV Battistolli), al que intentaron abrir usando explosivos, mientras algunos atacantes portaban armas largas. La escena se concentró en las inmediaciones de la salida de Tuturano, según reportes que ubican allí el punto crítico del ataque.
La secuencia, según varias crónicas, incluyó el uso de un dispositivo de seguridad del propio furgón que habría frustrado el robo del efectivo o, al menos, habría impedido que los atacantes se llevaran el botín como pretendían. People reportó que se activó un sistema de seguridad (mencionado como “Spumablock”) y que, pese a la violencia del asalto y el intercambio de disparos durante la huida, no se reportaron civiles heridos, mientras las autoridades intentaban cerrar el cerco sobre los implicados. En paralelo, coberturas europeas describieron la tensión en carretera por la presencia de conductores atrapados en el atasco forzado, con el operativo policial desplegado sobre una vía bloqueada por fuego y vehículos cruzados.
La investigación avanzó con rapidez en las horas siguientes. Según reportes difundidos el 10 de febrero, dos sospechosos fueron detenidos y quedaron bajo investigación por cargos graves vinculados al ataque, incluyendo hipótesis asociadas a tentativa de homicidio y tenencia de armas de guerra y explosivos, mientras continuaba la búsqueda del resto del grupo. Algunas coberturas describen que los asaltantes usaron elementos para simular presencia policial —como luces intermitentes desmontables— con el fin de confundir a conductores y ganar segundos de control sobre la escena antes de la llegada de fuerzas reales.
Más allá del caso concreto, el episodio alimentó el debate sobre la repetición de ataques de “alto impacto” contra transportes de valores en ciertas rutas del sur italiano. Medios que siguieron el incidente destacaron el componente logístico del golpe —bloqueo de carretera, fuego, explosivos, armas largas y fuga coordinada— como rasgos que suelen asociarse a grupos con experiencia previa y capacidad de planificación, un patrón que obliga a reforzar protocolos de escolta y reacción en corredores con tráfico regular.
¿Y… qué es el Spumablock? ¿Cómo se activó en el caso de este intento de atraco a un furgón blindado en Italia?
El Spumablock es un sistema de seguridad usado en furgones blindados que libera una espuma química expansiva dentro del compartimento del dinero cuando detecta un intento de robo. Funciona como un mecanismo antirrobo automático: si se intenta forzar el vehículo o abrir la caja fuerte sin autorización, el sistema inunda el interior con una espuma densa que cubre y contamina los billetes. Esa espuma se endurece en segundos y hace que el efectivo quede inutilizable o extremadamente difícil de separar sin dañarlo, con un objetivo claro: no proteger físicamente el vehículo, sino hacer que el botín pierda valor inmediato y desincentivar el asalto.
Es un concepto emparentado con los sistemas de tinta de seguridad que manchan billetes durante robos bancarios, pero más agresivo en términos físicos. En lugar de solo marcar el dinero, el Spumablock lo encapsula en un bloque compacto, dejando residuos visibles y rastreables que pueden ayudar a vincular el efectivo recuperado con el delito. Estos sistemas están diseñados para activarse incluso si los asaltantes logran abrir parcialmente el compartimento, lo que explica por qué en varios atracos en Europa los ladrones consiguen detener el vehículo pero no siempre se llevan dinero utilizable.
El billete no queda legalmente anulado, pero en la práctica sí resulta inútil para quien lo roba. Tras la activación del sistema, los billetes quedan pegados, manchados y químicamente contaminados, y cualquier comercio o banco los rechazaría por su origen sospechoso. Sin embargo, si ese dinero llega a manos de la empresa afectada o de las autoridades, puede enviarse a evaluación al sistema del Banco Central Europeo u otros bancos centrales, que cuentan con protocolos para retirar y canjear billetes dañados cuando su procedencia está documentada. En esencia, el sistema no borra el dinero del circuito financiero: rompe su utilidad criminal inmediata.
Fuentes consultadas: El País, Anadolu Agency, Gulf News, Wanted in Rome, Unione Sarda y People.

















