Así luce a sus 91 años la actriz norteamericana Shirley MacLaine, un verdadero mito viviente de Hollywood

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Shirley MacLaine reapareció esta semana en una de esas escenas que, por su rareza, terminan funcionando como termómetro de época: una salida a almorzar en Nobu, en Malibu, fotografiada por la prensa de espectáculos y comentada como si se tratara de una visita de Estado. La actriz, que cumplirá 92 en abril, fue vista con ropa casual, gafas oscuras y acompañante masculino, en un lugar donde la normalidad de Hollywood consiste precisamente en convertir cualquier gesto cotidiano en noticia. El propio reporte subraya que no es común verla en público y recuerda que, cuando asoma, suele ser en planes discretos parecidos: un almuerzo, una ceremonia puntual, un tramo corto de vida fuera de set.

La imagen, sin embargo, no se sostiene por el “hotspot” sino por lo que activa: el recordatorio de que MacLaine pertenece a una generación que empezó en los años 50, atravesó el viejo sistema de estudios, sobrevivió a sus cambios, y todavía puede aparecer —sin campaña, sin estreno urgente— como alguien cuya sola presencia ordena la memoria del cine. Su carrera supera las siete décadas y, más allá del mito, está respaldada por un palmarés concreto: un Oscar competitivo, múltiples Globos de Oro, BAFTA, y reconocimientos de trayectoria como el Cecil B. DeMille y el AFI Life Achievement Award, entre otros.

Si hay una película que la fija en el centro del canon, es The Apartment, dirigida por Billy Wilder. Ahí está el MacLaine más recordado: el equilibrio entre comedia y herida, la ligereza que no borra la dureza. En ese elenco estaban Jack Lemmon y Fred MacMurray; Wilder, Lemmon y MacMurray ya murieron, y esa simple constatación explica por qué hoy se habla de “mito viviente” con una mezcla de asombro y cálculo generacional.

En el mismo tramo histórico de su filmografía aparecen The Trouble with Harry, su temprana entrada al cine nada más y nada menos que con Alfred Hitchcock, y musicales y comedias de alto perfil donde compartió cartel con nombres que definieron el estrellato masculino del siglo XX.

Luego vino la MacLaine que encadena personajes con filo propio: Irma la Douce (de nuevo con Wilder y Lemmon), Sweet Charity (donde su cuerpo de bailarina funciona como gramática y carácter), y la actriz que en los 70 y 80 se convierte en un punto de referencia del cine adulto estadounidense. Terms of Endearment le dio el Oscar a Mejor Actriz, en una edición donde la película fue arrasadora y ella quedó asociada para siempre a un tipo de intensidad sin maquillaje, sostenida por escenas largas y cambios emocionales que no se explican: se actúan.

Cuando uno mira con quién trabajó, la pregunta de “¿quiénes están vivos?” aparece sola. No porque ella “haya visto morir” a nadie —eso sería suponer una intimidad que no conocemos—, sino porque su filmografía está llena de contemporáneos que ya no están. Frank Sinatra, Dean Martin, Peter Sellers, Robert Mitchum, Wilder, Hitchcock, Hal Ashby, Lemmon: la lista de ausencias es, en realidad, la cartografía de todo un Hollywood que se fue apagando por relevo biológico. A la vez, quedan colegas y coestrellas aún presentes, aunque retirados o intermitentes, como Jack Nicholson, y una generación posterior que también envejeció en pantalla y con la que MacLaine convivió en homenajes y proyectos: Meryl Streep, Sally Field, Morgan Freeman, John Travolta, Julia Roberts, entre otros que participaron en su noche del AFI, pero todos mucho más jóvenes que ella. En esa mezcla está la idea real del “mito”: no una estatua, sino un puente vivo entre épocas que normalmente solo se tocan en archivos.

Shirley MacLaine pertenece hoy a un grupo excepcional de leyendas que aún siguen vivas y activas en el imaginario del cine. En esa constelación están Clint Eastwood (95), que todavía mantiene una presencia constante en la industria; Dick Van Dyke (100), centenario y aún visible en apariciones públicas; Rita Moreno (94), con una carrera que sigue sumando homenajes; Tippi Hedren (96), símbolo del Hollywood de Hitchcock; Michael Caine (92); y figuras que, sin llegar todavía a los 90, continúan trabajando con regularidad como Morgan Freeman (88), Anthony Hopkins (88) y Jane Fonda (88). No se trata solo de edad, sino de una persistencia simbólica: nombres que comenzaron bajo el sistema clásico de estudios y que hoy funcionan como los últimos rostros reconocibles de una era que ya no existe.

Page Six también remarca un detalle que ayuda a entender su longevidad pública: su disciplina física viene de la danza, y ella misma ha asociado ese entrenamiento con la forma en que ha atravesado el tiempo. Además, aunque se la vea poco, no está completamente retirada: en años recientes apareció en televisión (Only Murders in the Building) y siguió vinculada a proyectos de cine, mientras su faceta de autora continúa con nuevos libros, incluido The Wall of Life, publicado en 2024.

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