La participación de La Diosa en el reality show El Rancho de Destino dejó al descubierto una de las etapas más difíciles y menos conocidas de su trayectoria artística. Lo que comenzó como una conversación incómoda frente a cámaras terminó convirtiéndose en una confesión pública marcada por el dolor, la vulnerabilidad y una fuerte carga emocional.
Durante un intercambio con el influencer Gino Montalvo, más conocido como Oyacito, surgieron cuestionamientos sobre la promesa de la cantante de donar un eventual premio del programa a niños con cáncer. Lejos de esquivar el tema, La Diosa decidió responder con una historia que hasta ese momento había mantenido fuera del debate público: la estafa de la que fue víctima en Estados Unidos tras su concierto en el Watsco Center de Miami.
Entre lágrimas, la artista explicó en el confesionario que para aquel evento logró reunir cerca de 80.000 dólares a través de patrocinadores. Confiando en la persona que gestionaba el contrato, permitió que el dinero fuera entregado directamente a ese intermediario. La decisión, que hoy califica como un error, tuvo consecuencias devastadoras: ella nunca vio ese dinero. Más allá de la venta de entradas, salió del concierto sin beneficios económicos, pese al enorme esfuerzo invertido.
El golpe no fue solo financiero. En redes sociales, la atención se desvió hacia aspectos superficiales del espectáculo, generando burlas y comentarios hirientes. Ante ese clima, La Diosa optó por el silencio y el aislamiento, mientras buscaba orientación legal. Sus abogadas intentaron contactar a la persona implicada, pero el diálogo terminó abruptamente cuando esta cortó toda comunicación. Posteriormente, la cantante supo que no era la única afectada: el intermediario enfrentaba múltiples demandas por situaciones similares.
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“Aparte del dinero de los tickets, yo no vi ni un solo dólar”, contó. “Como todo el mundo estaba burlándose de mí en redes por las cortinas negras, yo decidí callar y me quedé en casa esperando que pasara el tiempo”, agregó y explicó que se comunicó con sus abogadas. “Ellas tuvieron un encuentro con esa persona por cámara y esa persona terminó bloqueándome”.
Con ese panorama, iniciar un proceso judicial largo y costoso no parecía una opción viable. La Diosa decidió cerrar el capítulo para proteger su estabilidad emocional y económica. Aun así, asumió responsabilidades. Los músicos cobraron su trabajo y los bailarines recibieron sus salarios directamente de su bolsillo, una decisión que reafirmó su compromiso profesional pese a las pérdidas.
Eventualmente, la artista logró recomponerse gracias a nuevos proyectos y al respaldo de otros sponsors. Si bien eligió no hacer pública la estafa, convencida de que no todo debe exponerse en redes sociales, la pregunta directa de Oyacito la llevó a romper ese silencio. Esto ocasionó más tarde un tenso encontronazo con el influencer.


















