Aspirante a gobernador en la Florida es vapuleado en redes por Sophie Rain: la número uno en Only Fans

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La disputa entre Sophie Rain y el aspirante a Gobernador de la Florida dejó pronto de ser sobre taxes y se convirtió en algo mucho más viejo: el derecho de una mujer a prosperar sin tener que agachar la cabeza para que un hombre se sienta cómodo.

Aquí a lo cubano se diría… por comem… le pasó.

La discusión empezó como suelen empezar ahora las cruzadas morales: con un tuit, un nombre propio y la intención de convertir a una persona en ejemplo público. James Fishback, candidato republicano a gobernador de Florida, impulsó estos días una propuesta que bautizó como “sin tax”: un impuesto del 50% a los ingresos de creadores de OnlyFans que residan en el estado. La idea, dijo, busca “desincentivar y disuadir” el uso de la plataforma, a la que llamó “online degeneracy platform”, y prometió destinar la recaudación a educación, centros antiaborto (“crisis pregnancy centers”) y hasta una figura de “zar” de salud mental enfocada en hombres.

En esta especie de propuesta disfrazada de gesto personal, Fishback etiquetó directamente a Sophie Rain, la chica que más dinero gana en OnlyFans y le soltó un ultimátum: “Pay up or quit OnlyFans” (paga o quítate de OnlyFans), acompañado de una frase que delata el corazón de su discurso: que no permitirá que “mujeres inteligentes y capaces” “vendan sus cuerpos” en internet.

Allá vamos.. Muchos podrán decir que tras esa formulación hay una política fiscal y un interés de que se haga todo lo correspondiente legalmente. Y sí, pero también hay una tutoría moral, un paternalismo y un ideal doméstico presentado como destino (“podrían ser madres criando familias”), como si el éxito de una mujer fuera aceptable solo si cabe dentro de ese molde machista y desfazado de la realidad de que el ideal femenino, la mujer ideal, y la felicidad de una mujer está detrás de ser madre y criar una familia. Y sí, parece que el candidato está viviendo en el pasado.

Allí donde muchos creyeron que Rain se quedaría callada y no tendría argumentos para responderle, pues se equivocaron. La joven, primero en clave de «humor», nos dejó una de sus réplicas más virales: insinuó que el candidato era un suscriptor con “buyer’s remorse”, o sea alguien resentido, tras gastar su salario anual en una modelo de OnlyFans. Su otra respuesta, citada por Newsweek, y mejor todavía, fue al punto que incomoda: “Targeting… when there are multibillion dollar corrupt businesses that don’t pay any taxes is insane”. Traducido al español: “Señalar a un grupo de personas cuando existen empresas corruptas multimillonarias que no pagan impuestos es una locura,” y acto seguido declaró que pagaría gustosa lo que le corresponde pagar si esas corporaciones también fueran gravadas como corresponde.

Fishback intentó reencuadrar el choque como una operación de justicia social (“$200 millones” para maestros y almuerzos escolares) y llegó a escribir que Rain estaría “pissed” (molesta) porque, según él, pagaría 42 millones al estado.

La parte más reveladora de este episodio donde Rail ha salido vencedora vs el aspirante a gobernador de la Florida, no es la cifra del impuesto, ni siquiera el disparate técnico de pretender “arreglar” el sistema educativo con un castigo fiscal selectivo a un sector que le cae mal a tu electorado conservador. Lo que delata el fondo es el tono: Fishback no habló como alguien discutiendo política tributaria, sino como un tipo, hombre, macho, que se concede el derecho de regañar y dictar cátedra de lo que, según él y sus votantes, es lo correcto.

No le dijo “deberías tributar más”, le dijo “paga o vete”, y encima lo enmarcó en una idea disciplinaria: “no voy a permitir” que mujeres inteligentes y capaces “vendan su cuerpo”. En esa frase no hay interés en impuestos correctos: hay control, hay jerarquía, hay un árbitro moral autoasignado que decide qué trabajo es digno, cuál es asqueroso y quién tiene que sentirse culpable por ganar dinero.

Esa humillación pública es parte del mecanismo que habitualmente emplean los hombres al referirse a una mujer exitosa. En lugar de plantear una propuesta general —si de verdad le preocupa la evasión y la inequidad— eligió personalizar el blanco: etiquetar a una mujer, ponerla en vitrina y convertirla en ejemplo. Ese gesto no es neutral. Es el viejo reflejo de “la voy a ubicar”, de hacer que una mujer rinda cuentas ante un hombre que se presenta como autoridad. Por eso la discusión se movió rápido de lo fiscal a lo social: ¿quién tiene derecho a prosperar sin pedir disculpas? ¿Quién puede ganar mucho dinero sin que le exijan, además, vergüenza?, y por eso Rain recibió el apoyo mayoritario.

A pesar de su juventud, Sophie Rain señaló este doble estándar con precisión: la indignación no suele prender igual cuando el dinero grande se esconde en estructuras opacas. Los multimillonarios y las corporaciones tienen un ecosistema entero para “optimizar” impuestos, mover beneficios, hacer lobby y convertir la norma en un traje a la medida. Eso rara vez se traduce en un tuit de regaño con nombre y apellido, y mucho menos en un discurso de “no voy a permitir”. Se habla de competitividad, de incentivos, de empleo. Con OnlyFans, en cambio, el lenguaje cambia: aparece la palabra “asqueroso”, aparece la moral, aparece la idea de castigo.

No es casual. El éxito femenino, cuando se produce fuera de los carriles aprobados por el conservadurismo, tiende a activar ese sermón. No por el dinero en sí, sino por lo que representa: autonomía, control del propio ingreso, y una relación con el deseo y con el mercado que ya no pasa por el permiso masculino. Hay hombres —y no pocos políticos que viven de hablarle a esos hombres— a los que eso les resulta insoportable. Les molesta la libertad, pero la disimulan de “preocupación social”.

El argumento del conservador Fishback de “educación” y que le dejó tan mal parado, suena más a coartada que a plan: se construye una causa noble para justificar un castigo selectivo contra un grupo que ya está estigmatizado. Se trata menos de recaudar y más de marcar: decir quién es respetable y quién no. Y cuando la conversación llega ahí, la disputa deja de ser sobre taxes y se convierte en algo mucho más viejo: el derecho de una mujer a prosperar sin tener que agachar la cabeza para que un hombre se sienta cómodo.

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