Dos mujeres cubanas murieron en enero en hechos separados: una fue asesinada en Camagüey y otra falleció apuñalada en Las Vegas. En ambos casos, los presuntos agresores eran (ex)parejas y fueron detenidos.
La investigación por el doble homicidio y posterior suicidio ocurrido en Missouri continúa mientras se confirman las identidades de las víctimas y persisten discrepancias entre la información oficial y las versiones difundidas en redes de la comunidad cubana, que apuntan a un conflicto de pareja como móvil del crimen.
La desaparición de Lili Paola Moliner, una niña cubana de tres años perdida desde febrero de 2024, expone el contraste entre la búsqueda masiva e internacional del caso Madeleine McCann y el silencio del Estado cubano, que carece de sistemas de alerta, transparencia y rendición de cuentas.
Samantha “está más apagada que las provincias orientales”, dijo Sandro. No solo la humilló y la instrumentalizó, tal y como hacía su abuelo con las mujeres en la política. Se burló también, de forma cruel, de una tragedia cotidiana que afecta a millones de cubanos.
Cuatro feminicidios en pocos días elevaron a 45 las muertes por violencia machista en Cuba en 2025. Los casos revelan patrones reiterados: agresores íntimos, crímenes en el hogar, antecedentes de violencia ignorados y una alarmante falta de información pública sobre denuncias previas y controles institucionales.
En Jovellanos, Mayabeque, Baracoa, Moa o Chicago, y en una comunidad rural de Ciego de Ávila donde una niña se salvó a fuerza de gritos en Facebook, se repite la misma pregunta que atraviesa barrios y pantallas: cuántas mujeres más deberán morir –o quedar al borde de la muerte– antes de que el Estado reconozca la magnitud de la emergencia y establezca políticas reales de prevención, protección y reparación.
El asesinato de Estefany Reyes Gómez, de 26 años, en su casa de Madruga, Mayabeque, conmocionó este domingo a la comunidad y reavivó el reclamo urgente de reconocer y enfrentar la violencia de género en Cuba.
La actriz Tara Reid fue hospitalizada en Chicago tras denunciar que su bebida fue adulterada en el bar de un hotel. La policía de Rosemont investiga el supuesto caso de sumisión química.
Amnistía Internacional documenta una década de violencia de género ejercida por el Estado cubano contra defensoras, periodistas y activistas, y exige una ley integral, reformas penales y presión internacional para proteger a las mujeres que disienten.
En una misma edición, Granma dedicó espacio a denunciar la violencia contra las mujeres en el mundo y en las Américas, pero evitó mencionar las cifras cubanas, pese a que los observatorios independientes registran decenas de feminicidios cada año. En cambio, el periódico oficial reservó una de sus piezas culturales para glorificar a Diego Armando Maradona, ignorando que una cubana lo acusó de abusos cuando era menor de edad. El resultado es un discurso que alerta del silencio ajeno mientras calla ante las víctimas propias.