La combinación de apagones masivos, presión de Estados Unidos y tensiones geopolíticas sitúa a Cuba en uno de los momentos más críticos de su historia reciente, con un debate abierto sobre el futuro político de la isla.
Este cargamento petrolero sería un salvavidas momentáneo para el régimen cubano que está contra las cuerdas por la agudización de la crisis por lo que según el presidente Donald Trump estarían dispuestos a llegar a un acuerdo con EEUU.
El documento que comenzó a circular atribuía al Ministerio ruso un anuncio en el que se afirmaba que el petrolero Sea Horse transportaba gasoil con destino al puerto de La Habana, con llegada prevista para los primeros días de marzo. Además, el texto señalaba que el buque estaría escoltado por un destructor de la Armada rusa y advertía que cualquier acción hostil de Estados Unidos sería considerada una agresión contra la Federación Rusa.
Dos artículos en EE.UU. reflejan lecturas opuestas sobre Cuba: una apuesta por un “acuerdo” con reformas y otra por la tesis de resistencia ante el cerco.
Putin criticó el bloqueo de combustible de EE.UU. contra Cuba y dijo que Moscú no lo acepta, según CNBC citando a Tass. La frase fue pronunciada tras reunirse en el Kremlin con el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla.
La visita del ministro del Interior de Rusia a La Habana refuerza el eje de cooperación en seguridad en un momento de alta tensión regional y presión directa de Estados Unidos sobre el Gobierno cubano.
A más de un año de la visita del submarino nuclear ruso Kazan a La Habana, el episodio sigue siendo citado por analistas estadounidenses como una señal de alerta sobre el equilibrio naval y la proyección de poder de Rusia en el Caribe.
Cuba profundiza sus vínculos con Rusia e Irán en un momento de incertidumbre económica en EE.UU., fortaleciendo alianzas políticas y económicas que desafían los marcos tradicionales de influencia estadounidense.