La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum conversó este lunes con el presidente estadounidense Donald Trump, en un intercambio en el que se opuso a la...
Trump aprieta con petróleo y La Habana responde con soberanía, pero el debate vuelve a ocurrir sin consulta real a un país agotado por décadas de precariedad.
Las condiciones de Washington a Caracas ponen en riesgo el crudo que aún recibe Cuba. El impacto sería inmediato en electricidad, transporte y economía.
La interdicción de tanqueros vinculados al crudo venezolano por parte de Estados Unidos reaviva temores energéticos en Cuba y reactiva la disputa política regional.
México confirmó el envío de 80.000 barriles de petróleo a Cuba en medio de la grave crisis energética que vive la isla. El gobierno de Claudia Sheinbaum aseguró que se trata de una operación legal y de carácter humanitario, enmarcada en una relación histórica entre ambos países, mientras los apagones continúan afectando a gran parte de la población cubana.
La incautación en Estados Unidos de un supertanquero con crudo venezolano destinado a Cuba amenaza con agravar la ya frágil situación eléctrica de la isla. Más allá del combustible para consumo interno, la pérdida del cargamento impacta una vía clave de obtención de divisas mediante la reventa de petróleo, en un contexto de crisis económica, apagones prolongados y creciente presión política sobre La Habana.
Mientras Washington confiscaba un carguero venezolano con petróleo rumbo a Cuba, otro buque de La Guaira atracó sin obstáculos con 27 contenedores de ayuda humanitaria para los damnificados del huracán Melissa. La diferencia no estuvo en la bandera, sino en el tipo de carga: el crudo navega dentro del régimen de sanciones que permite a EE.UU. incautar embarques, mientras que la asistencia post-desastre circula por un corredor humanitario tolerado y vigilado, donde la presión política se modula para no agravar una emergencia.
La australiana Melbana Energy aplazó la perforación del pozo Amistad-11 en el Bloque 9 de Cuba tras declarar en incumplimiento a su socio Sonangol por impago de obligaciones financieras. El frenazo compromete uno de los proyectos estrella de La Habana para reducir la dependencia energética y revela hasta qué punto la viabilidad del bloque descansa en la salud financiera de la petrolera angoleña.
La tensión entre Estados Unidos y Venezuela volvió a escalar en las últimas horas, y Cuba se ha colocado al frente de la defensa de Caracas acusando a Washington de buscar un “derrocamiento violento” para apoderarse del petróleo venezolano. Mientras La Habana denuncia una ofensiva militar y política en el Caribe, persiste la pregunta que atraviesa la región: ¿por qué, aun bajo sanciones y aislamiento, Nicolás Maduro sigue aferrado al poder?
Según The Hill, el país experimentó su cuarto apagón nacional en menos de un año, consecuencia de una red eléctrica corroída por décadas de desinversión y el uso de crudo de baja calidad. La dependencia del petróleo venezolano, base del intercambio político y económico entre La Habana y Caracas, se ha vuelto insostenible: los envíos de combustible cayeron de unos 56 mil barriles diarios en 2023 a apenas ocho mil en junio de 2025. Aunque Rusia y México han enviado cargamentos de emergencia, la inestabilidad persiste.
Ello convive con tensiones puntuales —como reportes de cancelación de visas a funcionarios mexicanos— y con el polémico programa de contratación de médicos cubanos en México, otro canal de ingresos para el régimen.
Según un informe de Bloomberg, la empresa estatal Pemex aumentó los envíos desde los 16,800 barriles diarios en 2023 hasta más de 20,100 barriles diarios en 2024, cifra que continúa creciendo en 2025.