En Cienfuegos, Camagüey y otras provincias, la muerte ya no es solo un rito; es un pasillo saturado, un nicho compartido, un silencio oficial que pesa más que el mosquito que la trae. La cuenta avanza, y mientras tanto, nombres se suman a la lista sin que haya explicación oficial, solo fosas abiertas.
La exportación de estos profesionales no es más que otra demostración del desprecio del gobierno por el bienestar de su propio pueblo, priorizando sus intereses económicos y políticos por encima de la salud y la educación de los cubanos.