El Swift Galaxy, ligado a un cargamento de 700.000 barriles previsto para Cuba, cambió su ruta y navega hacia Dinamarca. El desvío ocurre mientras Claudia Sheinbaum evita precisar si México mantendrá los envíos de Pemex a la Isla, en un contexto de fuerte crisis de combustible.
La pausa del petróleo mexicano a Cuba fue presentada fuera de la Isla como un freno concreto, y dentro como una reafirmación “soberana”. El contraste muestra cómo el oficialismo cambia el centro del debate: del combustible que falta a la épica que conviene.
Petróleos Mexicanos retiró la carga de su calendario, según documentos revisados por Bloomberg. El envío estaba previsto originalmente para cargar a mediados de enero y habría llegado a Cuba antes de que terminara enero.
Washington advirtió a La Habana que no interfiera con el envío de asistencia humanitaria para damnificados del huracán Melissa, canalizada a través de organizaciones no gubernamentales, y en la misma semana la embajada de EE.UU. anunció que el 16 de enero limitaría servicios por un acto oficial que restringe el acceso al edificio. En paralelo, funcionarios cubanos de turismo salieron a tranquilizar a Canadá con el mensaje de que “todo sigue igual”, mientras el debate energético crece. Hay dudas sobre la capacidad de Pemex para sostener el suministro a la isla bajo una presión geopolítica que vuelve a subir.
México confirmó el envío de 80.000 barriles de petróleo a Cuba en medio de la grave crisis energética que vive la isla. El gobierno de Claudia Sheinbaum aseguró que se trata de una operación legal y de carácter humanitario, enmarcada en una relación histórica entre ambos países, mientras los apagones continúan afectando a gran parte de la población cubana.
Ello convive con tensiones puntuales —como reportes de cancelación de visas a funcionarios mexicanos— y con el polémico programa de contratación de médicos cubanos en México, otro canal de ingresos para el régimen.
El problema no es la solidaridad en sí misma, sino su institucionalización como pilar de la economía cubana. Y bajo esa lógica, lo que en 1959 parecía un camino hacia el desarrollo se ha transformado, en 2025, en la confirmación de que así, con regalos y subsidios, ninguna economía es sostenible.