Granma anuncia cuatro ambulancias para bases regionales en Bayamo, Manzanillo, Jiguaní y Niquero como “reforzamiento”. La nota, sin querer, confirma lo contrario: el país opera con déficit, y el transporte sanitario se volvió excepción administrada.
Mientras La Habana asegura que sus médicos están a salvo en Venezuela, familias denuncian silencio, falta de información y recuerdan abandonos anteriores.
Mientras autoridades cubanas aseguran que las arbovirosis podrían estar bajo control a inicios de 2026, el sistema de salud permanece en alerta ante la posible llegada de la influenza A H3N2 subclado K, detectada ya en más de 35 países. Entre modelos matemáticos optimistas, llamados a la vigilancia epidemiológica y un contexto sanitario frágil, la promesa de salud vuelve a situarse en el futuro inmediato.
Según Girón, que se hace eco sin cuestionamientos de todas las barbaridades que dicen y orientaciones que reciben "desde arriba", las autoridades sanitarias provincial y nacional sostienen que el aumento de los estudios de casos, la disminución de ingresos y la baja en la gravedad permiten afirmar que el brote está controlado.
La epidemia de dengue y chikungunya en Cuba no explica por sí sola las al menos 87 muertes registradas entre octubre y noviembre. Detrás del colapso sanitario hay una cadena más profunda: hambre, desnutrición infantil, déficit vitamínico, falta de agua potable, apagones interminables, basura acumulada y hospitales sin recursos. Lejos de los 33 fallecidos que reconoce el Gobierno, la crisis revela un Estado incapaz de sostener la vida.
Las cifras aportadas por la funcionaria han sido puestas en duda por los cubanos en redes sociales, dado que los hospitales y centros médicos presentan una gran cantidad de pacientes con síntomas de chikungunya que no pueden ser diagnosticados eficazmente por falta de insumos específicos para determinar el virus,
Una denuncia hecha por la activista Irma Lidia Broek sobre el modo en que se manipula y esconde la verdad, prendió entre sus seguidores porque conectó con lo que muchos viven a diario: hospitales colapsados, médicos obligados a recetar agua y té a enfermos con fiebre alta, vómitos y diarreas, y certificados que nunca dicen la palabra prohibida.
La Cruz Roja Cubana confirmó que está operando en estrecha coordinación con el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) para contener un “brote complejo” de...
El colapso hospitalario no es un fenómeno aislado. Lo que ocurre en Cienfuegos se replica en Villa Clara, Holguín y Guantánamo, donde las ambulancias escasean y los entierros improvisados se vuelven habituales. La crisis sanitaria se entrelaza con un brote epidémico —posiblemente de dengue o leptospirosis— que el gobierno evita reconocer. Médicos cubanos en redes alertan sobre hospitales sin antibióticos, sin oxígeno y sin electricidad durante horas críticas.
La solución real no está en las cáscaras, está en el presupuesto, en la ciencia, en el control vectorial, en la transparencia, en el abasto. Movilizar fumigación constante, revisar aguas, eliminar criaderos, formar comunidad. Todo lo que nunca va incluido cuando el discurso oficial propone aromatizar el humo.
La muerte de la bebé en Matanzas —atribuida por testigos a “una bacteria”, aún sin confirmación oficial— ocurre mientras crece el clamor por datos verificables: qué patógenos están circulando, cuántos casos graves y fallecidos hay, qué recursos faltan y qué acciones concretas toma la autoridad sanitaria para descomprimir terapias y proteger a los más vulnerables. En un escenario de hospitales saturados, transparencia y protocolos pueden hacer la diferencia entre el miedo y la confianza, entre la rumorología y la información que salva vidas.
“No hay muertos, porque los muertos solo le duelen a quienes los pierden”, escribe, con amarga ironía, desmintiendo así las declaraciones del Ministro de Salud Pública, y las de las máximas autoridades del Partido Comunista de Cuba y el Gobierno en la provincia, recogidas como papagayo oficialista amaestrado por el Periódico Girón.
En la avalancha de testimonios hay diferencias de tono —desde la indignación frontal hasta la crítica propositiva—, pero converge un hilo conductor: el reclamo de acciones visibles y sostenidas que ataquen las causas inmediatas de la transmisión. La lista se repite: recogida diaria de desechos, control de salideros y fosas, fumigación intradomiciliaria sistemática, abatización, protección a escuelas y ancianos, y abastecimiento básico de medicamentos y diagnósticos.