Robos a plena luz del día, jóvenes involucrados en asaltos y vecinos que retienen a los ladrones marcan un patrón cada vez más común en Cuba. Mientras la delincuencia se normaliza, también lo hace la idea de que la seguridad depende más de la reacción colectiva que de la respuesta institucional.
Las autoridades de Guantánamo anunciaron la detención de un recluso prófugo de la prisión de Boniato, implicado además en el sacrificio ilegal de ganado, y la captura de un hombre acusado de un homicidio ocurrido frente a una vivienda en la ciudad. Los casos, difundidos por perfiles oficialistas, generaron reacciones encontradas entre alivio ciudadano y cuestionamientos sobre la seguridad y la efectividad del sistema penal.
Los dos sucesos, contados por Licea y amplificados por comentarios de residentes, vuelven a colocar el foco en la fragilidad de la seguridad cotidiana y en la necesidad de respuestas institucionales rápidas y transparentes. Mientras se conocen más precisiones, las denuncias recogidas por el influencer funcionan como alerta vecinal y como pedido de información a cualquier persona que pueda ayudar a esclarecer lo que ocurrió.
La ciudadanía cubana, en medio de este panorama, exige justicia y seguridad, pero a las fuerzas del régimen solo les interesa castigar y perseguir severamente a los llamados opositores