Un hombre identificado como Bryan Rizo terminó detenido en Miami Beach tras robar vino en un CVS, regresar horas después, colarse en un área restringida y quedarse dormido entre las cajas. Las cámaras registraron dos visitas en la misma noche: primero para llevarse dos botellas sin pagar y luego para consumir mercancía por casi 200 dólares antes de ser descubierto por un empleado.
Dos escenas separadas por más de 400 kilómetros y motivaciones aparentemente ajenas entre sí, pero que evidencian cómo la crónica policial italiana sigue encontrando, con preocupante frecuencia, acentos y rostros de la diáspora cubana en episodios que van desde el delito común hasta la violencia callejera.
Los robos, que anteriormente se concentraban en ciertas áreas de alto riesgo y en contados individuos, muchos de ellos "controlados" y con antecedentes - y con sus huellas dactilares en las bases de datos -, han comenzado a expandirse a través de todo el país.