La basura se acumula, el agua no tiene por dónde ir, y las alcantarillas colapsan ante cualquier precipitación, por mínima que sea. Lo peor: muchos residuos ni siquiera salen de la ciudad, y terminan arrastrando mosquitos, enfermedades, roedores y desesperanza a cada esquina.
En pocas jornadas, la nación ha visto partir a profesionales que representaban décadas de experiencia y entrega. Sus muertes, más allá del dolor inmediato, dejan interrogantes sobre la capacidad de las instituciones para suplir vacíos humanos y profesionales en un contexto ya marcado por la migración y la falta de personal especializado. Este fin de semana, el luto no fue solo de familias y amigos: fue un duelo colectivo para la pedagogía, la medicina y la academia cubanas.