La imagen de un joven cubano inmóvil al borde de una fosa de aguas albañales revela el impacto devastador del “químico”, una droga sintética que se expande por los barrios y alarma a la población.
Robos a plena luz del día, jóvenes involucrados en asaltos y vecinos que retienen a los ladrones marcan un patrón cada vez más común en Cuba. Mientras la delincuencia se normaliza, también lo hace la idea de que la seguridad depende más de la reacción colectiva que de la respuesta institucional.
Cuatro feminicidios en pocos días elevaron a 45 las muertes por violencia machista en Cuba en 2025. Los casos revelan patrones reiterados: agresores íntimos, crímenes en el hogar, antecedentes de violencia ignorados y una alarmante falta de información pública sobre denuncias previas y controles institucionales.
Un grupo de médicos y un pastor que subían de madrugada a llevar medicamentos a una comunidad de la Sierra Maestra fue emboscado por cinco hombres armados con machetes. El asalto finalmente no se consumó, pero el episodio dejó al descubierto una Cuba donde ya se roba lo que antes era intocable: medicamentos, oxígeno hospitalario, ayudas para damnificados. La historia, contada por una de sus protagonistas y celebrada en redes con un coro de “Gloria a Dios”, se vuelve reflejo de un país en caída moral.
Según denuncias publicadas en redes sociales, el cuerpo de Yordan fue hallado en plena vía pública y recogido por las autoridades en una escena que fue grabada y compartida por vecinos, y que mostraba entre otras cosas no solo el deterioro social, con la grabación y la exposición en las redes sociales del video que mostraba al joven fallecido, sino también cómo la institucionalidad trató delante de la vista de todos el cuerpo.