La música popular cubana atraviesa horas de tristeza tras conocerse el fallecimiento de Juan Miguel Vera Núñez, reconocido promotor y representante artístico estrechamente vinculado durante casi dos décadas a la orquesta Elito Revé y su Charangón. Su muerte ha generado una ola de reacciones en el ámbito salsero y dentro del movimiento de música bailable de la Isla.
Vera fue durante 18 años una figura clave en la gestión y proyección de la agrupación dirigida por Elito Revé, heredera del legado fundado por su padre, el emblemático Elio Revé. Más allá de su rol administrativo, colegas y músicos lo describen como un articulador esencial entre artistas, escenarios y público, alguien que conocía las dinámicas internas del gremio y que supo sostener proyectos musicales en contextos complejos.
El propio Elito Revé manifestó públicamente su dolor a través de redes sociales, donde evocó la cercanía personal que los unía y la huella emocional que deja su partida. En su mensaje, destacó la dimensión humana de Vera, subrayando que su vínculo trascendía lo profesional y se sostenía en años de complicidad y amistad.
Las muestras de pesar no se limitaron a la orquesta que representó. La legendaria agrupación Los Van Van también expresó condolencias, reconociendo a Vera como una figura constante en el entorno musical y como alguien comprometido con el desarrollo de la música popular cubana. La relación entre representantes, músicos y productores en este ámbito suele ser estrecha, marcada por años de giras, presentaciones y desafíos compartidos.
Otras voces del panorama salsero se sumaron al duelo. El director de Maykel Blanco y su Salsa Mayor lamentó la pérdida y envió mensajes de apoyo a familiares y amigos. De igual modo, integrantes de Giraldo Piloto y Klimax manifestaron públicamente sus condolencias, destacando el respeto profesional que despertaba Vera dentro del sector.
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En los espacios digitales donde se difundió la noticia, músicos, técnicos, promotores y seguidores han compartido recuerdos y palabras de agradecimiento. Muchos coinciden en describirlo como un trabajador constante, discreto y eficaz, cuyo aporte no siempre era visible para el público general, pero resultaba fundamental en la maquinaria que sostiene a una orquesta en activo.
El papel del representante en la música popular bailable cubana ha sido históricamente determinante. Más allá de coordinar contratos o presentaciones, implica negociar en contextos económicos complejos, mantener relaciones institucionales y acompañar a los artistas en procesos creativos y logísticos. En ese entramado, Juan Miguel Vera supo consolidar una trayectoria que hoy es reconocida por quienes compartieron con él escenarios, oficinas y giras.
Su fallecimiento deja un vacío en un sector que, pese a las transformaciones y desafíos de los últimos años, continúa siendo uno de los pilares culturales de Cuba. La música bailable no solo es espectáculo; también es identidad, memoria colectiva y espacio de encuentro.
El legado de Vera permanecerá ligado a una etapa significativa de la historia reciente de la timba y la salsa cubanas. En las voces que hoy lo despiden y en los proyectos que ayudó a impulsar, queda la constancia de una labor que trascendió la gestión para convertirse en compromiso humano con la música.

















