El «bloqueo es el responsable» de que los estudiantes universitarios no puedan sentarse en la Escalinata

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Hay que reconocerle algo a la narrativa oficial cubana: es resistente. Se adapta a cualquier circunstancia, por absurda que parezca. Puede explicar por qué no hay combustible, por qué no hay electricidad, por qué no hay transporte, por qué no hay conexión a internet… y ahora también parece capaz de explicar por qué un grupo de estudiantes universitarios no puede sentarse tranquilamente en la escalinata de su propia universidad.

Todo ocurrió este lunes en la Universidad de La Habana. Alrededor de una veintena de estudiantes decidió realizar una sentada pacífica en la histórica escalinata del campus para protestar por algo que, en principio, suena bastante elemental: estudiar en condiciones mínimamente normales. Los apagones constantes, los problemas de transporte, la falta de conectividad y el alto costo de los datos móviles han convertido el curso académico en una carrera de obstáculos.

El detonante inmediato fue la decisión de mantener modalidades semipresenciales o virtuales en varias universidades del país. En teoría, las clases pueden seguir realizándose a distancia. En la práctica, muchos estudiantes se preguntan cómo se supone que participen en actividades online si pasan horas sin electricidad o sin conexión estable a internet.

Así lo recogía la activista Amelia Calzadilla:

«Es surrealista que exijan a los jóvenes continuar con el curso vía telemática cuando la mayoría de estos estudiantes no tienen conexión la mayor parte del día como resultado de los constantes apagones; por demás el servicio de telecomunicaciones sufrió modificaciones que aumentaron significativamente sus tarifas hace sólo unos meses. Basta ya de encontrar soluciones improvisadas que siempre paran en el bolsillo y el sacrificio de los cubanos».

Según testimonios citados en redes sociales por el activista Magdiel Jorge Castro y recogidos también por periodistas como el corresponsal de CNN Patrick Oppmann, los alumnos consideran que la situación actual hace casi imposible sostener el proceso docente. Algunos incluso han tenido dificultades para entregar trabajos o conectarse a clases debido a los apagones.

La protesta comenzó de forma sencilla: un estudiante se sentó en el primer escalón de la escalinata con su mochila y una sombrilla. Con el paso de los minutos se sumaron otros jóvenes hasta formar un pequeño grupo de manifestantes pacíficos.

¿Qué se los impedía? Un cartel de NO PASE. NO SENTARSE. Sí, como lo lee; pero a pesar de la prohibición, lo hicieron.

El gesto fue suficiente para activar la maquinaria institucional. Profesores, personal administrativo, autoridades universitarias y agentes de la Seguridad del Estado aparecieron en el lugar. Poco después llegaron también la rectora de la Universidad de La Habana, Miriam Nicado, y el viceministro primero de Educación Superior, Modesto Ricardo Gómez.

Tras casi dos horas de conversación, los estudiantes accedieron a trasladarse al interior de la universidad para continuar el diálogo con las autoridades. La institución anunció posteriormente en su página oficial que se había producido un “intercambio” con los alumnos y que se crearán espacios semanales de diálogo para dar seguimiento a sus preocupaciones. La misma muela y vaselina de siempre. ¿Recuerdan el 27N? ¿El diálogo con los artistas? ¿Las reuniones con la Asamblea de Cineastas Cubanos?

Sin embargo, el momento más interesante llegó después, cuando el viceministro ofreció su explicación pública del problema. Según Gómez, la crisis energética que afecta al país —y que impacta directamente en el funcionamiento de las universidades— es consecuencia del llamado “bloqueo petrolero de Estados Unidos”, una presión externa que, afirmó, está “masacrando a toda una sociedad”.

Así lo reseña EFE en una nota, que muestra con los matices claros de la imparcialidad periodística, lo mal que están las cosas en Cuba cuando, ni siquiera uno puede ya sentarse, como han hecho generaciones de estudiantes universitarios toda su vida, en la escalinata de la Universidad de La Habana.

La explicación tiene cierta lógica dentro del universo discursivo oficial: si no hay electricidad, la culpa es del bloqueo; si no hay combustible, también; si internet es caro o inestable, igualmente. Lo que quizás no estaba en el guion era que el bloqueo terminara siendo responsable también de algo más específico: que un grupo de estudiantes universitarios decida sentarse en la escalinata para pedir que los dejen estudiar en condiciones normales.

El bloqueo, por lo visto, es un fenómeno de una versatilidad extraordinaria. Puede provocar apagones, crisis de transporte, problemas académicos y ahora también incomodidad institucional cuando los estudiantes se sientan en una escalera.

Visto así, la escalinata de la Universidad de La Habana acaba de convertirse en otro frente más de esa guerra geopolítica tan particular.

Porque cuando en Cuba ocurre algo incómodo, la explicación siempre está lista. Y casi siempre viene del mismo lugar y tiene el mismo culpable.


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