En medio de una zona inhóspita, alejada, entre matorrales, piedras y arena, grupos de voluntarios caminan kilómetros y kilómetros, buscando a Boro, porque la Guardia Civil les ha prohibido usar drones.
Boro, el perro que viajaba con Ana y Raquel en el tren Iryo accidentado en Adamuz (Córdoba), seguía sin aparecer este miércoles mientras familiares, voluntarios y colectivos animalistas intentan acotar su paradero en un entorno todavía condicionado por el perímetro de seguridad y por la investigación judicial del siniestro.
En las últimas horas, el operativo ciudadano se ha reactivado con equipos llegados de distintos puntos y con coordinación sobre el terreno para rastrear zonas de vegetación y caminos cercanos a la vía, bajo la premisa de que el animal pudo huir desorientado tras el impacto y permanecer escondido por miedo.
La búsqueda se ha convertido en un foco paralelo dentro de una tragedia mayor.
Por un lado está el trabajo de la Guardia Civil y de los equipos técnicos en el lugar del accidente, con inspecciones en los vagones y recogida de evidencias para esclarecer lo ocurrido; por otro, la dimensión humana de una familia marcada por el golpe, con una de las hermanas en estado grave y la otra sosteniendo públicamente el llamado para recuperar al perro, a la que se unido con especial denuedo la llamada Tribu Animalista Ubuntu.
Esa mezcla de dolor y esperanza explica, en parte, que el caso haya escalado en redes y medios, alimentando también rumores y falsos avisos que los propios buscadores han intentado frenar.
En ese contexto, uno de los puntos que más fricción ha generado entre voluntarios y autoridades es el uso de drones. Colectivos y grupos de apoyo han afirmado que la búsqueda se está realizando “exclusivamente a pie” porque el vuelo de drones estaría restringido en la zona, y atribuyen esa limitación a decisiones operativas vinculadas al área acordonada y al trabajo de investigación.
En paralelo, un reportaje de El País describió la presencia de un operador de dron entre los voluntarios que se organizan día y noche, lo que refleja tanto el interés por emplear ese recurso como las limitaciones prácticas para desplegarlo en un espacio controlado. Sin una comunicación pública detallada de las autoridades sobre el alcance de esas restricciones, el dato circula principalmente desde el lado de los equipos civiles que buscan a Boro.
Mientras tanto, PACMA informó que tres rescatistas comenzaron la búsqueda escoltados por la Guardia Civil tras obtener autorización para acceder a áreas próximas al siniestro, una señal de que, al menos en parte del terreno, se están abriendo ventanas de coordinación entre el dispositivo oficial y los equipos de rescate animal.
La expectativa en el grupo es localizar a Boro con vida, pero el paso de los días y el desgaste del entorno obligan a ajustar métodos: recorridos repetidos, llamadas a distancia, revisión de posibles refugios naturales y seguimiento cuidadoso de cualquier avistamiento verificable.
El último mensaje por ahora dejado en la página de Instagram de la Tribu Animalista Ubuntu es especialmente conmovedor, ya que traslada la búsqueda de Boro a un problema mucho más amplio: el humanismo, el activismo.
El grupo reconoció que «(…) la situación es dura, profundamente dura», sin embargo dijo que «(…) en medio de esa dureza(…)» ha aparecido «(…) algo hermoso y esencial: el voluntariado. Esa parte del ser humano que actúa desde el corazón, desde el deseo genuino de ayudar. Esa es la verdadera humanidad.»
El grupo hizo referencia a las personas que «(…) de noche, entre la oscuridad, el cansancio y la incertidumbre,» han caminado decenas y decenas de kilómetro, «(…)movidas únicamente por un objetivo: encontrar a Boro.»
«Eso revela lo mejor de quienes somos. Cuando alguien se entrega así, sin esperar nada a cambio, está mostrando la parte más noble del ser humano,» señalaron en una de sus stories en Instagram.
Luego, añadieron frases que tocan esencialmente la fibra más íntima del ser humano.
«Si esa misma energía se trasladara a más ámbitos de la vida cotidiana, sería posible construir un mundo distinto, más justo y más amable. (…) Desde esta comunidad se lanza un llamado a que incluso en las tragedias y en los momentos más difíciles, sea siempre la humanidad la que lidere. Que la mejor versión de cada persona sea la que guíe las acciones (…).
Y concluyeron diciendo:
«El voluntariado es activismo. Es una forma de decir que este mundo puede ser mejor y de actuar para hacerlo posible. Aunque sea en silencio. Aunque nadie lo vea. Que nunca se pierda la capacidad de actuar desde el corazón. Esa es la esencia más genuina del ser humano.»


















