Así la despidieron: con guardia de honor, flores, banderas y silencio; con un aplauso que cruza de pasillos a plazas; con trámites discretos que siguen su curso para que regrese a casa. Zunilda Torres Rodríguez no era un titular: era la médica a la que pacientes y colegas recuerdan por el nombre, por la voz y por la manera de acompañar. En Veracruz, su adiós dejó claro que, a veces, la forma de despedir dice tanto como la biografía de quien se va.
El fallecimiento de profesionales de la salud activa siempre una memoria reciente: guardias compartidas, visitas domiciliarias, rehabilitaciones largas que culminan en alta, discusiones clínicas donde se acuerdan rutas de tratamiento y, sobre todo, esa conversación final con el paciente en la que un médico transmite calma. La ausencia de la Dra. Zunilda Torres en el hospital “Nachón” y la del Dr. Luis Madrazo en su red de consultorios deja espacios difíciles de llenar porque, además del servicio, dejan un modo de estar en el trabajo: la ética de la escucha y la constancia.