El juicio contra un joven austríaco acusado de planear un ataque contra uno de los conciertos de Taylor Swift en Viena volvió a poner en primer plano el riesgo que enfrentan los grandes espectáculos. El caso, frustrado en 2024, dejó tres funciones canceladas y abrió una discusión sobre inteligencia internacional, radicalización online y seguridad en eventos masivos.