En 2024 Trump supo capitalizar el descontento de muchos votantes, especialmente en la comunidad cubano‑americana de Florida, con mensajes sobre una economía “roaring” y gasolina barata. Hoy el precio del combustible roza los US$4 en su segundo año de mandato. La guerra con Irán, los riesgos en el estrecho de Ormuz y la frágil oferta mundial han eliminado cualquier margen para reducir los precios a la mitad. Mientras el presidente pide paciencia y apela al patriotismo ante un conflicto que él mismo promovió, empiezan a aflorar reclamos entre quienes esperaban llenar el tanque por menos de US$2.
Mientras un representante en España del actual gobierno de Venezuela rechazaba que su país esté bajo control de Estados Unidos, en Washington un alto...
Un tanquero carga gas licuado en Venezuela rumbo a Cuba mientras dos buques mexicanos entregan más de 1.200 toneladas de alimentos en La Habana, en medio de sanciones y una profunda crisis energética y alimentaria en la Isla.
Donald Trump comprimió su narrativa de poder en una misma escena: el Capitolio como set, la política exterior como trofeo, y un mensaje doméstico amarrado a símbolos. Habló mucho sobre Venezuela y a no dudarlo, le lanzó un guiño a La Habana. Y todo ocurrió no a bordo del Air Force One como había estado ocurriendo ultimamemente, sino durante el llamado Discurso del Estado de la Unión.
El senador Ted Cruz dijo en Fox News que “es enteramente posible” que caigan los regímenes de Irán, Venezuela y Cuba en seis meses. En paralelo, POLITICO describió el costo humanitario que, según su análisis, ya empieza a verse en la isla bajo el endurecimiento de presión económica.
Trump aseguró que Cuba “fracasará muy pronto” y firmó una orden que declara a la Isla como amenaza. Desde La Habana, medios y funcionarios denuncian una nueva escalada de agresión económica y política.
La Habana admite contactos “al más alto nivel” con Washington mientras crece la presión por el petróleo, reactivando el historial de desmentidos oficiales.
Marco Rubio compareció ante el Senado y fijó la línea de EE. UU. hacia Cuba y Venezuela: habló de cambio de régimen, puso a España como ejemplo de transición y descartó una intervención militar directa, limitando cualquier presencia a la protección de la embajada.
El embajador cubano en Colombia, Carlos de Céspedes, acusó a EE.UU. de “piratería” tras reportes de un posible bloqueo naval para frenar petróleo a Cuba.