Si algo enseñó la última década es que sanciones mal calibradas, sin rutas claras para proteger a la población y sin alianzas robustas para la ayuda directa, dan al régimen otra excusa y a los ciudadanos otra espera. La discusión de fondo no es si se sanciona, sino cómo y cuándo, para que la justicia no choque con el hambre y la política no eclipse la vida diaria de millones.