La presión desde Miami y Washington se intensifica con llamados a cortar vuelos y preparar celebraciones, mientras en Cuba crecen críticas al modelo y al discurso oficial. Entre el desgaste social, voces como Mauricio de Miranda, Alina Bárbara López y José Daniel Ferrer chocan con la retórica del Gobierno, y el humor en redes —con Cuco Mendieta como símbolo— revela ansiedad y deseo de ruptura.
La Habana admite contactos “al más alto nivel” con Washington mientras crece la presión por el petróleo, reactivando el historial de desmentidos oficiales.
El choque entre Bruno Rodríguez y Carlos Giménez refleja una guerra de relatos alrededor de Cuba, mientras Trump mantiene una puerta entreabierta a negociar si hay alineación política.
Trump abrió dos frentes: aranceles a países que suministren petróleo a Cuba y amenazas comerciales contra aeronaves canadienses. En La Habana preocupa el efecto indirecto sobre el turismo de Canadá, principal mercado emisor hacia la Isla.
El embajador cubano en Colombia, Carlos de Céspedes, acusó a EE.UU. de “piratería” tras reportes de un posible bloqueo naval para frenar petróleo a Cuba.
Tras la captura de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez ha oscilado entre el discurso de desafío y la señal de cooperación con Washington, un giro que CiberCuba retrata con su tránsito del “seremos su pesadilla” a la disposición a coordinar. En paralelo, la Casa Blanca evitó poner plazos, pero dijo esperar que la cooperación continúe y dejó caer la idea de que “algún día” Venezuela tendrá elecciones, sin amarrar un calendario.
Estados Unidos incautó en el Caribe otro petrolero vinculado a la llamada “flota fantasma” venezolana y lo presentó como parte de una ofensiva sostenida, con advertencia a actores regionales. En ese mismo clima, petroleras europeas como Repsol y ENI se movieron para solicitar licencias a Washington que les permitan exportar crudo venezolano bajo el nuevo esquema de control y negociación que se está configurando tras los cambios políticos en Caracas.
Las condiciones de Washington a Caracas ponen en riesgo el crudo que aún recibe Cuba. El impacto sería inmediato en electricidad, transporte y economía.