Los dos casos, separados por provincias y por fechas, comparten un punto ciego: la distancia entre el crimen y la justicia. La etiqueta de “bajo investigación” solo tiene sentido si se traduce en avances verificables. De lo contrario, es otra forma de impunidad. Las familias insisten en seguir: que se reabran líneas de pesquisa, que se actúe sobre información ciudadana y que nadie se acostumbre a la idea de que matar puede no tener consecuencias.
Con la tragedia de Martín en Baracoa, Cuba cierra el año con al menos seis incidentes fatales por rayos confirmados: dos adolescentes en Bauta, tres jóvenes en Manicaragua, dos trabajadores rurales en Colón, tres fallecidos y cuatro heridos en Moa, y el más reciente en Guantánamo. Las cifras podrían ser mayores si se incluyen reportes no confirmados oficialmente en otras regiones del país.
Este nuevo hecho reaviva la alarma por la siniestralidad vial en carreteras secundarias y tramos de alto riesgo, donde la combinación de visibilidad reducida, calzadas deterioradas y tráfico mixto eleva la probabilidad de choques frontales. Mientras avanza la pesquisa, familiares y amigos de las víctimas piden prudencia a conductores y servicios de emergencia, y reclaman señales y mantenimiento en vías donde, como La Moza–Manicaragua, un descuido puede terminar en tragedia.
Nadie faltó. Desde muy temprano, amigos, maestros, familiares, compañeros de escuela y vecinos de varias comunidades se reunieron en la funeraria local. Algunos llegaron sin conocerla personalmente, pero movidos por la tristeza de lo ocurrido.