Vio que intentaban robarle los teléfonos a dos muchachos en la calle 5ta, se metió, y recibió un machetazo que le costó una mano. Dieciocho días después, el barrio lo recibió como a un héroe.
En La Habana Vieja una vieja deuda de sangre se cobró a plena luz del día, frente a todos, y reforzó la idea de que, en muchos barrios de la capital, la vida vale cada vez menos y la violencia se ha convertido en un lenguaje habitual.